1 de enero de 2009

Más allá de donde te llevan los sueños (Cap 13)

Una especie de regalito de año nuevo, sé que no entra nadie XD pero es igual, seguiré subiendo. Espero que os guste ^^


13. Confrontación entre guerreros.

Al tiempo que la lucha se expandía rápidamente por la plaza de Dancus, segando vidas tanto de humanos como de infernales, pero principalmente de los primeros, los dos líderes seguían frente a frente, impasibles e inmóviles. Lianzer seguía con su espada alzada, mientras que Lucifer aún no había decidido preparar la suya.

- ¿Pretendes en serio enfrentarte a mí? – preguntó Lucifer con su voz, tan tenebrosa como siempre.
- En absoluto . . . – Lianzer dejó caer su espada sobre Lucifer, que se apartó a un lado para esquivarla –. No creo que seas rival para mí – arremetió de nuevo con su espada, tratando de segar la cabeza del líder oscuro.
- Pequeño infeliz . . . – la espada de Lucifer frenó el avance de la de Lianzer con gran facilidad.

Las miradas de ambos se fijaron en los ojos de su enemigo y las espadas comenzaron a cruzar ataque tras ataque, tratanto de arrebatar la vida del otro cada vez con mayor fiereza. Las diferencias entre el tamaño de las espadas y de los guerreros, así como el distinto nivel de fuerza entre Lianzer y Lucifer comenzaban a hacerse notar. El capitán de la brigada de Dancus cedía poco a poco bajo cada ataque de Lucifer, retrocediendo y flaqueando. En una de las embestidas de la espada del infernal, Lianzer se vio obligado a apoyar una de sus rodillas contra el suelo, mientras mantenía su espada en alto para frenar las acometidas de su oponente.

- Eres realmente fuerte para ser un simple humano. Me has sorprendido.
- Y tú eres realmente fuerte para ser un simple infernal.
- . . . despídete de este mundo – las manos de Lucifer alzaron su espada sobre la cabeza de Lianzer, concentrando todo su poder.

Entonces, un brillo surgió no muy lejos de ellos. Una extraña luz esmeralda que inundó todo el pueblo, seguida del sonido de una roca resquebrajándose. Cuando Lianzer se sintió bañado por aquella luz, sus fuerzas volvieron, su rodilla abandonó el suelo y su espada volvió a alzarse velozmente hacia su enemigo. La luz dorada de su arma brillaba renovada con el resplandor esmeralda. En un fugaz movimiento, el filo de la espada atravesó por completo el cuerpo del infernal, asomando por su espalda con unas pequeñas gotas de sangre que caían ligeramente. Durante un segundo, la mirada de Lucifer se enturbió, pero en ningún momento se movió ni un ápice. Al finalizar ese instante, el infernal habló:

- Lástima que en el fondo, sólo seas un simple humano.

La espada descendió con fuerza y violencia, Lianzer ni siquiera tuvo tiempo de extraer su arma del cuerpo de Lucifer. El golpe fue contundente, apenas se pudo oír el grito de dolor del capitán de la brigada. Sin embargo, en el medio del caos de aquella plaza, nadie se percató de que el corazón de la defensa de Dancus había caído.

27 de diciembre de 2008

Más allá de donde te llevan los sueños (Cap 12)

Tras el capítulo dedicado a nuestro querido héroe Lianzer, toca volver un poco sobre nuestros héroes y la forma en que se enfrentan a la crisis de Dancus. Espero que os guste.


12. La luz esmeralda.

Lucifer bajó su brazo como señal a sus tropas, que arremetieron contra la brigada de Dancus, con sus garras por delante. Los hombres de Lianzer trataban de defenderse como podían con sus floretes, desviando los ataques y reagrupándose. El resto de las gentes del pueblo corrían despavoridas en todas direcciones, tratando de escapar de varios de los secuaces de Lucifer, que trataban de acabar con algunos humanos entre ataque y ataque a las tropas de la brigada. En el centro de todo aquel caos, Hans, Andrew y los demás se sentían paralizados de terror ante aquel malévolo espectáculo. Finalmente, Andrew reaccionó.

- Tenemos que irnos de aquí – los demás lo miraron atemorizados –. No podemos permanecer parados.
- ¡No! – gritó Hans – Vamos a luchar, no abandonaremos a las gentes de Dancus. Es nuestra responsabilidad.
- ¡¿Pero de qué demonios estás hablando?! – le gritó su amigo.
- Andrew tiene razón, Hans – dijo Cecilia con la voz temblorosa –, esto es demasiado peligroso.
- Pero . . . yo . . .
- Hans – Michelle lo agarró del brazo –, hemos de huir.

Finalmente Hans cedió a las súplicas de sus compañeros, que ayudaron a llevarlo fuera de la plaza mientras los Crauss sembraban el pánico. A su alrededor la batalla entre los infernales y la brigada se iba volviendo cada vez más feroz y sangrienta. El sonido metálico de los floretes al impactar contra las armaduras de los Crauss se mezclaba con los alaridos de los hombres de Lianzer al recibir las garras de sus enemigos. La sangre y el dolor se expandían a una velocidad vertiginosa por todo el lugar.
Mientras huían, al pasar junto a la Roca Sagrada, un Crauss les cerró el paso y exhibió su brazo poderoso, alzando sus garras frente a ellos.

- ¿A dónde íbais, humanos? – habló con una voz que parecía un graznido.

Hans se colocó entre sus amigos y el infernal, con mirada desafiante y rostro sereno. Se inclinó levemente, sin desviar su mirada de aquella criatura, y recogió una piedra angulosa y afilada. Volvió a incorporarse y la agarró con fuerza, dispuesto a defender a sus amigos con uñas y dientes. El Crauss vio su expresión y rió con aquella extraña voz típica de su raza, no parecía poder concebir que un simple humano quisiera plantarle cara así como así.

- Ten cuidado con eso, niño – le espetó –, podrías hacerte daño.
- Yo . . . yo . . . – trató de responder Hans – no pienso huir. ¡No tengo miedo!

En aquel momento, el mundo pareció deternerse, los gritos y el sonido de las armas se diluían en un silencio en teoría inexistente. Cerca de donde se encontraban, la Roca Sagrada que se hallaba a pocos metros de ellos se quebró y una luz verde esmeralda brilló con una fuerza insólita, inundándolos con su resplandor.

25 de diciembre de 2008

Más allá de donde te llevan los sueños (Cap 11)

Volviendo a un ritmo más que considerable, el capítulo 11 ^^


11. El valor del capitán.

Desde el momento en que las hordas de los infernales se asomaron por el horizonte, la brigada de Dancus se preparaba para la batalla. Todos corrían a afilar sus floretes y comprobar que sus armaduras estaban en buen estado. La señal de peligro se expandió rápidamente y todos los que estaban de patrulla por la ciudad corrieron a la central para recibir órdenes de su líder, Lianzer.

- Todos debéis prepararos para lo peor. Lo que se nos viene encima no son ni más ni menos que Crauss. Son fuertes, despiadados y los comanda uno de los oficiales del Reino Oscuro . . . – todos los hombres de Lianzer miraban al suelo cabizbajos, apesadumbrados – Así que tendremos que prepararnos bien para cuando vengan a vengar su muerte.

La brigada de Dancus se sorprendió mucho del comentario de su capitán, pero cuando se dieron cuenta de lo que significa alzaron sus floretes y sus sombreros y gritaron llenos de júbilo. Ganarían, sería duro, pero iban a liberar su pueblo de aquellos demonios. Si su líder estaba junto a ellos, no tenían nada que temer, a fin de cuentas, Lianzer tenía tanto poder como un Konum, o eso decían las historias.
Uno de los soldados entró corriendo desde la calle anunciando que los demonios habían llegado a la plaza central y un dragón se acercaba amenazadoramente desde el cielo. La voz de Lianzer fue clara y profunda, todos oyeron con ilusión y esperanza sus palabras y lo siguieron en dirección a la plaza. En el cuartel vacío, aún parecía oírse el eco de sus palabras: ¡Por Dancus!

Cuando la brigada llegó al centro de la plaza, pudo ver al líder de los Crauss delante de las gentes del pueblo, amenazándolas y haciendo referencias a la Roca Sagrada. Cuando algunos aldeanos vieron a Lianzer y su brigada, abrieron el camino para que se aproximase al líder oscuro. El capitán avanzó con paso firme y se situó a menos de dos metros del infernal. Entonces, con una sonrisa dejó caer su capa, mostrando su armadura plateada y su gran espada.

- Bienvenido . . . Lucifer.
- Vaya, vaya, un insecto bien vestido. Gracias por el recibimiento, capitán de la brigada de Dancus. ¿Ha venido a ofrecer su vida a cambio de la de su pueblo? –a una señal de Lucifer, tres Crauss rodearon a Lianzer y se dispusieron a despedazarlo con sus garras.
- Lo siento, Lucifer, pero me temo que no es el caso – sin dejar de mirar fijamente a los ojos del demonio, Lianzer desenvainó su gran espada con una mano y de dos rápidos movimientos segó las cabezas de los tres Crauss.

Cuando concluyó su ataque, la espada de Lianzer se alzaba amenazante sobre su cabeza, brillando bajo el sol con una luz dorada y cubierta ligeramente de la sangre negra de los infernales que acababa de matar. Era realmente enorme, y parecía muy pesada, ningún humano normal podría levantarla, pero el capitán de la brigada de Dancus no era un humano normal. Todos contuvieron la respiración, el enfrentamiento estaba cerca, pero cualquier movimiento innecesario podría suponer cualquier cosa inesperada. Finalmente, Lianzer habló:

- Oficial del Reino Oscuro, Lucifer – lo apuntó con la espada, que quedó a escasos centímetros de su faz –, no saldrás con vida de este pueblo.
- Oh . . . te equivocas – respondió el infernal mientras alzaba un brazo –. Es este pueblo el que no saldrá con vida.

24 de diciembre de 2008

Más allá de donde te llevan los sueños (Cap 10)

Dios . . . ni tiempo que no me ponía a escribir, me siento super mal por ello, pero bueno, si aún hay alguien que pueda querer leer lo que tengo que escribir . . . voy a intentar continuar, así que aquí viene el capítulo 10.


10. Lucifer

- ¡Pero qué ocurre! –gritó Cecilia, asustada–. ¿De qué va todo esto?
- ¿Es que no lo entiendes? ¡Son infernales! –respondió Michelle, igual de asustada que su compañera.
- Ahora mismo no podemos hacer nada –les gritó Andrew-, debemos mantenernos juntos y escondernos en algún lugar.

Andrew se dirigió hacia el centro del pueblo, donde todos los del lugar comenzaban a reunirse. Supuso que si se confundían con la gente de Dancus no llamarían tanto la atención, no era buena idea que los infernales los descubrieran. Los demás, que siempre confiaban en él y sus ideas, lo siguieron y se mezclaron con la multitud.
Poco a poco, los infernales fueron llegando al pueblo, rodeándolo y mandando un pequeño grupo a la plaza central. Conforme se fueron acercando, sus siluetas se definieron con más claridad a los ojos de todos. Cecilia tuvo que ahogar un chillido al verlos. Ante ella se vislumbraba más de una veintena de criaturas humanoides, de piel negra como el carbón, cuernos retorcidos a ambos lados de la cabeza y alas de plumas oscuras. Todos vestían con armaduras extrañas, que cubrían todo su pecho a excepción del corazón, y no portaban armas, ya que sus garras parecían más que suficientes.

- Crauss . . . – dijo Angela lo bastante alto como para que sus compañeros la oyesen -. Son bastante tontos, así que estamos en problemas.
- ¿Por? – preguntó Cecilia – Si son tontos, debería ser más fácil huir de ellos.
- Si son tontos . . . alguien debe dirigirlos, o no vendrían tantos aquí de manera tan ordenada y calmada, ¿no, Angela?
- Eso es, Hans. Y creo que aquel de allí los dirige.

Angela señalaba discretamente un poco más allá de los Crauss que tenían encima. Sobre ellos se acercaba lentamente un dragón alargado de color azul marino y armadura plateada. A su lomo iba montado alguien con una armadura negra enorme que le cubría totalmente el cuerpo, cuando estuvo a unas diez metros sobre la gente del pueblo, se lanzó al vacío. Cayendo de pie sobre un par de personas que se hundieron un poco en el suelo bajo su peso. Desde cerca, su altura era aún mayor de lo que parecía a distancia. Estaría cerca de los dos metros y medio, y su corpulencia era algo que asustaba simplemente de conocerla.
Se quitó el casco, mostrando su rostro pálido de ojos afilados de cristalinos negros y pupilas rojas. Dos colmillos asomaban de las comisuras de sus labios. Cuando abrió la boca y comenzó a hablar, una voz de ultratumba, grave y tronante inundó el pueblo, paralizando de terror a todos los humanos.

- Mis queridas víctimas humanas . . . hace ya mucho que me conocéis y sabéis que soy considerado con todos vosotros . . . ¡Por eso no entiendo a qué viene esto! – gritó, haciendo que el viento se levantase y helase las almas de la gente – El pacto era simple: yo no os mataría, no permitiría que vuestro pueblo quedase reducido a cenizas a manos de mis hombres, lo único que os pedía a cambio era vuestra total obediencia, tributos ocasionales . . . ¡y que esa maldita piedra permaneciese muerta!

El infernal señaló la roca sobre la que un rato antes había estado Cecilia. Su cara mostraba una furia insólita, estaba demasiado enfadado, la sensación de peligro era clara. Andrew se acercó a Hans y le susurró:

- Estamos en serios problemas, debemos irnos de aquí lo antes posible.
- Lo sé . . . pero van a destruir Dancus, lo sabes, ¿no?
- . . . no podemos pensar ahora en eso.

En aquel momento, la gente abrió un camino por el que apareció la brigada de Dancus al completo, más de cincuenta personas vestidas de negro, con sus sombreros de gran ala y sus floretes, dispuestos a hacer frente a los Drauss y a su líder. Al frente de todos ellos, se encontraba Lianzer, que con una sonrisa dejó caer su capa, mostrando su armadura plateada y su gran espada.

- Bienvenido . . . Lucifer.

21 de marzo de 2007

Regreso

Lamento mucho la desaparición que he llevado a cabo desde . . . el 1 de febrero . . . pues sí que hace tiempo. Pero bueno, una vez acabado el shock post-exámenes, intentaré volver al blog e incluso recuperar un poco el ritmo de la historia ^^ Que algunos fans me han "presionado" un poquito para que siga XD

Intentaré que el próximo capítulo salga a lo largo de esta semana, veamos qué tal.

1 de febrero de 2007

Más allá de donde te llevan los sueños (cap. 9)

Hoy tendréis más detalles importantes y un nuevo misterior que comienza, veamos qué tal.
9. Destino: Alterians

- ¿Ves? Y de este modo tendremos un vía de escape en el caso de que el programa tenga cualquier tipo de problema.
- Sí, si entiendo lo que me quieres decir, Hans. Pero en serio crear algo así sería muy complejo. Es casi un vínculo directo entre ambas realidades.
- Lo sé, pero eres el único que tiene conocimientos para hacerlo, Derek. Además, es útil y merece la pena.
- Vale, haré lo que pueda. Tú déjalo en mis manos.


La mirada de Cecilia iba saltando de uno a otro de sus amigos. Le sonaba la palabra, pero de todos ellos, era la que menos relacionada estaba con aquel tema.
- ¿Os referís a aquel sistema para salir por si ocurría algo?
- ¿Algo como esto? –dijo Angela–. Sí.
- Así que de eso se trata. Entonces –dijo Cecilia sonriendo–. Sólo tenemos que ir allí y activar el portal, ¿no?
- No es . . . tan sencillo –dijo Derek.
- Cierto, al crearla tuvimos que tener en cuenta una serie de problemas –continuó Andrew.
- ¿Problemas?
- Así es –respondió el chico, ajustando sus cabellos rubios–. El portal supone un acceso directo de este mundo al mundo real.
- Y aunque es poco probable –le interrumpió Hans–, existe la posibilidad de que información creada en este mundo atraviese ese portal para tomar forma en nuestro propio mundo.
- Es por eso que tomé la decisión de hacerla inalcanzable –dijo para terminar Derek–. Coloqué el portal muy lejos, en un lugar poco accesible, para que no pudiera llegar cualquiera y evitar así una desgracia. Así que para llegar allí tardaremos un tiempo.
Todo el grupo se quedó pensativo un buen rato, ninguno se miraba, todos meditaban mirando al suelo, excepto Cecilia, que miraba a las nubes.
- Tenemos todas las claves para acceder a ella, ¿verdad? Quiero decir: si hay trampas o puzzles que resolver, ¿sabremos resolverlos? –preguntó Angela.
- Hans, Michelle y yo nos los aprendimos a la perfección, no hay ningún problema –dijo Derek.

Se hizo de nuevo el silencio. Ni un alma se escuchaba en el pueblo. Aún no era la hora de comer, pero reinaba un silencio que parecía sepulcral, como el de un cementerio. No obstante, ellos sólo andaban inmersos en sí mismos y no se dieron cuenta de la calma que les rodeaba.
- Supongo que lo mejor sería partir cuanto antes –dijo finalmente Cecilia.
- Estoy de acuerdo –corroboró Hans.
- Pues entonces en marcha –dijo Derek levantando la vista y mirándolos a todos–, pero . . . antes tenemos que averiguar dónde estamos.
- Yo lo sé –se adelantó Andrew–. Un hombre en la biblioteca me dijo que esta ciudad es Dancus.
Las chicas, que habían trabajado mucho más con los pueblos y conocían la distribución de todos ellos, reaccionaron al instante.
- ¿El Dancus de Sedsol? ¿En Arreit? –dijo Michelle.
- Eso está a muchísima distancia de nuestro destino –intervino Angela.
- Además –continuó Cecilia–, Arreit es un continente pequeño, tendremos que cruzar el océano para llegar allí. Y no es fácil conseguir un barco.
- Lo siento –dijo Hans, avergonzado, pues él había creado los objetos y por tanto había estimado el valor del dinero.
Todos lo miraron con unos ojos que indicaban que no debía preocuparse, que no tenía importancia.
- Propongo el paso de Farent –habló Andrew.
- Quizá no sea una mala idea, es el modo más fácil y rápido para llegar a Auga y desde allí podremos encontrar la manera de montar en un barco o tren que nos lleve hasta Eria. Nos ahorraríamos el tener que atravesar Amall –dijo Cecilia, que se sabía perfectamente el mapa del mundo.
- Entonces, ¿decidido? ¿Seguiremos esa ruta? –volvió a decir Andrew.
Todos asintieron y se sonrieron, mientras pasaban a otros temas más relajados, buscando la forma de no pensar más en el problema que tenían entre manos, aunque ya lo hubieran “resuelto”.

El cielo se ennegreció de repente, anunciando una fuerte tormenta; y el viento se levantó amenazador desde sus pies. La gente volvía a inundar las calles, en mayor ritmo y cantidad que aquella un rato antes. Todos corrían despavoridos hacia Dios sabe dónde, como si huyeran de algo. Algunos, mirando al cielo con lágrimas en los ojos, se dejaban caer al suelo con una mezcla extraña de terror y abandono en sus rostros. Imitándoles, el grupo miró al cielo, donde pudo ver unas hordas de algún tipo de ave muy oscura volando hacia el pueblo desde el horizonte, a poca altura.
- ¡Aquí vienen! ¡Han vuelto! –gritó un campesino que pasaba junto a ellos, huyendo de la plaza.

31 de enero de 2007

Más allá de donde te llevan los sueños (cap. 8)

Bueno, la historia va tomado cada vez una forma más definida. Si todo va bien, este capítulo os enganchará definitivamente, o quizás os eche atrás y deje de gustaros todo. Quien sabe ^^U Aquí os lo dejo, a ver qué os parece.


8. La brigada de Dancus.

Cecilia, con lágrimas en los ojos, se echó a los brazos de Hans en cuanto levantó la vista y reconoció a su amigo.
- Lo siento –dijo agachando la vista–. Fue culpa mía. Olvidé desconectar mi casco y el de Derek.
Hans se sobresaltó un poco por lo que la chica había dicho. Ahora lo entendía mejor, por eso no habían aparecido los cuatro en el mismo punto. El aumento en el número de viajeros hizo que sus materializaciones se dispersaran. Esto le suponía un nuevo problema, ¿estarían los demás en aquella ciudad?
- Tranquila –dijo por fin–. Encontraremos a los demás. Vamos.
Se puso en pie y le extendió su mano a la chica, que asintió y la tomó para que la ayudara a incorporarse. Ambos se sonrieron y miraron a su alrededor. Unos diez hombre vestidos con largas túnicas negras y elegantes sombreros de gran ala estaban rodeándolos, portando en sus manos unos floretes desenvainados que apuntaban hacia ellos. Más allá, la gente de la ciudad observaba atenta el espectáculo, esperando que algo interesante aconteciera. Pasaron varios minutos, todo estaba muy tranquilo, pero de pronto se escuchó un murmullo general a espaldas de los dos jóvenes, que se giraron para ver qué ocurría. Dos de los hombres se separaron y otro apareció entre ellos, adelantándose.
Vestía ligeramente distinto a los demás. Su túnica no era negra como la de todos los demás, tenía un color azul marino muy brillante y los bordes, el cuello y las muñecas eran blancas. Además, no llevaba puesto ningún sombrero, sino que dejaba caer una melena plateada que le cubría los hombros. Tampoco llevaba un florete como sus compañeros, ni ningún arma, al menos a simple vista. Iba desarmado y se acercaba a los jóvenes con una sonrisa y una mirada amigable y serena.
- Jovencita –dijo, señalando a Cecilia–. Mis hombres dicen que te vieron subida en la Roca Sagrada –hizo una breve pausa– y que cuando te pidieron que bajases los agrediste, tras lo cuál te diste a la fuga, creando el caos y la confusión en las calles de nuestra preciosa ciudad de Dancus.
Hans giró la cabeza hacia Cecilia, con una mirada que era mezcla de incredulidad y de miedo. Realmente aquella jovencita era capaz de crear el caos allá donde fuera.
- Puedo explicarlo –dijo ella, avergonzada–. Todo ha sido un lamentable accidente. Yo . . .
- No te preocupes –dijo el hombre interrumpiéndola–. Sabemos que eres una forastera y al fin y al cabo los daños que has causado casi no tienen importancia. Mis hombres suelen ser bastante exagerados y tú a fin de cuentas no eres más que una niña. Dudo que eso de la “agresión” sea muy cierto –dijo lanzando una mirada fulminante a todos y cada uno de sus hombres.
De repente, la mirada del hombre se posó en Hans, que estaba de pie junto a ella. Los ojos azules de aquel hombre se alinearon totalmente con los negros de Hans y el silencio reinó durante unos instantes que parecieron varias eternidades.
- ¿Y tú? –dijo por fin.
- ¿Yo?
- Sí. Ya conocías a esta chica, ¿verdad?
Ambos se miraron y Hans respondió.
- Así es, señor. Veníamos juntos hacia esta ciudad, pero hace un par de días nos separamos –improvisó.
- Sí, en realidad somos seis, estaba buscando a mis amigos y pensé que desde lo alto de aquella roca podría verlos mejor –dijo Cecilia, siguiéndole el juego a Hans y evitando mirar fijamente los ojos de aquel hombre.
De entre la multitud, una figura avanzó, por el hueco que aquellos dos guardias habían dejado a aquel hombre, que parecía ser su jefe. Se cruzó entre los dos chicos y él y los miró con una sonrisa.
- ¡Andrew! –gritó Cecilia echándose a sus brazos–. Eres tú, qué alegría de verte.
- Yo también me alegro de ver que estáis bien, chicos. Yo soy el responsable de nuestro grupo –dijo Andrew volviéndose hacia el hombre y adoptando su papel como el mayor de todos.
El hombre sonrió e hizo una señal con los dedos. La mayoría de sus hombres se dispersaron al instante, excepto dos de ellos, que se pusieron a su lado, listo para escoltarlo a donde quiera que fuese.
- Me alegro de que os hayáis reunido. Yo tengo que retirarme a mis ocupaciones como jefe de la brigada y persona al cargo de la seguridad de la ciudad. Si encontráis a vuestros amigos, os deseo suerte en vuestro camino; si no, venid y os ayudaremos a encontrarlos.
Dio media vuelta y comenzó a andar, pero a los pocos pasos se detuvo y dijo en voz alta:
- Para encontrarme sólo tenéis que ir al extremo norte de la ciudad, allí está el cuartel de la brigada. Id allí y preguntad por Lianzer - y se fue, escoltado por sus dos guardias.
Al ver que la emoción había pasado, la gente comenzó a disolverse y cada uno tomó su camino. Sólo quedaron en aquel rincón de la plaza los tres amigos, aunque no estuvieron solos mucho tiempo, pues tres figuras más se les unieron en seguida: Derek, Angela y Michelle.
Los seis amigos se saludaron y abrazaron eufóricos. Obviamente se alegraban mucho de haberse encontrado de nuevo todos, a ninguno le hacía gracia permanecer sólo y a su suerte en aquel mundo extraño. Sólo Angela se mostró un poco más distante y fría, aunque era normal, siempre era así con todo el mundo, aunque con ellos era mucho más “cariñosa” que con la gente en general.
- Bueno –comenzó diciendo Cecilia–. ¿Cuál es el plan ahora, Hans?
- Estamos atrapados –intervino Andrew–. Sólo tenemos una forma de salir de aquí.
Todo el grupo asintió. Todos, excepto Cecilia que no entendía a qué se refería.
- Andrew, ¿de qué hablas?
Todos se miraron entre sí y luego miraron a Hans, agradeciéndole la idea de la “válvula de escape”. Nadie habló, pero Hans finalmente dijo la palabra en la que todos pensaban y Cecilia esperaba oír:
- Alterians.