31 de enero de 2007

Más allá de donde te llevan los sueños (cap. 8)

Bueno, la historia va tomado cada vez una forma más definida. Si todo va bien, este capítulo os enganchará definitivamente, o quizás os eche atrás y deje de gustaros todo. Quien sabe ^^U Aquí os lo dejo, a ver qué os parece.


8. La brigada de Dancus.

Cecilia, con lágrimas en los ojos, se echó a los brazos de Hans en cuanto levantó la vista y reconoció a su amigo.
- Lo siento –dijo agachando la vista–. Fue culpa mía. Olvidé desconectar mi casco y el de Derek.
Hans se sobresaltó un poco por lo que la chica había dicho. Ahora lo entendía mejor, por eso no habían aparecido los cuatro en el mismo punto. El aumento en el número de viajeros hizo que sus materializaciones se dispersaran. Esto le suponía un nuevo problema, ¿estarían los demás en aquella ciudad?
- Tranquila –dijo por fin–. Encontraremos a los demás. Vamos.
Se puso en pie y le extendió su mano a la chica, que asintió y la tomó para que la ayudara a incorporarse. Ambos se sonrieron y miraron a su alrededor. Unos diez hombre vestidos con largas túnicas negras y elegantes sombreros de gran ala estaban rodeándolos, portando en sus manos unos floretes desenvainados que apuntaban hacia ellos. Más allá, la gente de la ciudad observaba atenta el espectáculo, esperando que algo interesante aconteciera. Pasaron varios minutos, todo estaba muy tranquilo, pero de pronto se escuchó un murmullo general a espaldas de los dos jóvenes, que se giraron para ver qué ocurría. Dos de los hombres se separaron y otro apareció entre ellos, adelantándose.
Vestía ligeramente distinto a los demás. Su túnica no era negra como la de todos los demás, tenía un color azul marino muy brillante y los bordes, el cuello y las muñecas eran blancas. Además, no llevaba puesto ningún sombrero, sino que dejaba caer una melena plateada que le cubría los hombros. Tampoco llevaba un florete como sus compañeros, ni ningún arma, al menos a simple vista. Iba desarmado y se acercaba a los jóvenes con una sonrisa y una mirada amigable y serena.
- Jovencita –dijo, señalando a Cecilia–. Mis hombres dicen que te vieron subida en la Roca Sagrada –hizo una breve pausa– y que cuando te pidieron que bajases los agrediste, tras lo cuál te diste a la fuga, creando el caos y la confusión en las calles de nuestra preciosa ciudad de Dancus.
Hans giró la cabeza hacia Cecilia, con una mirada que era mezcla de incredulidad y de miedo. Realmente aquella jovencita era capaz de crear el caos allá donde fuera.
- Puedo explicarlo –dijo ella, avergonzada–. Todo ha sido un lamentable accidente. Yo . . .
- No te preocupes –dijo el hombre interrumpiéndola–. Sabemos que eres una forastera y al fin y al cabo los daños que has causado casi no tienen importancia. Mis hombres suelen ser bastante exagerados y tú a fin de cuentas no eres más que una niña. Dudo que eso de la “agresión” sea muy cierto –dijo lanzando una mirada fulminante a todos y cada uno de sus hombres.
De repente, la mirada del hombre se posó en Hans, que estaba de pie junto a ella. Los ojos azules de aquel hombre se alinearon totalmente con los negros de Hans y el silencio reinó durante unos instantes que parecieron varias eternidades.
- ¿Y tú? –dijo por fin.
- ¿Yo?
- Sí. Ya conocías a esta chica, ¿verdad?
Ambos se miraron y Hans respondió.
- Así es, señor. Veníamos juntos hacia esta ciudad, pero hace un par de días nos separamos –improvisó.
- Sí, en realidad somos seis, estaba buscando a mis amigos y pensé que desde lo alto de aquella roca podría verlos mejor –dijo Cecilia, siguiéndole el juego a Hans y evitando mirar fijamente los ojos de aquel hombre.
De entre la multitud, una figura avanzó, por el hueco que aquellos dos guardias habían dejado a aquel hombre, que parecía ser su jefe. Se cruzó entre los dos chicos y él y los miró con una sonrisa.
- ¡Andrew! –gritó Cecilia echándose a sus brazos–. Eres tú, qué alegría de verte.
- Yo también me alegro de ver que estáis bien, chicos. Yo soy el responsable de nuestro grupo –dijo Andrew volviéndose hacia el hombre y adoptando su papel como el mayor de todos.
El hombre sonrió e hizo una señal con los dedos. La mayoría de sus hombres se dispersaron al instante, excepto dos de ellos, que se pusieron a su lado, listo para escoltarlo a donde quiera que fuese.
- Me alegro de que os hayáis reunido. Yo tengo que retirarme a mis ocupaciones como jefe de la brigada y persona al cargo de la seguridad de la ciudad. Si encontráis a vuestros amigos, os deseo suerte en vuestro camino; si no, venid y os ayudaremos a encontrarlos.
Dio media vuelta y comenzó a andar, pero a los pocos pasos se detuvo y dijo en voz alta:
- Para encontrarme sólo tenéis que ir al extremo norte de la ciudad, allí está el cuartel de la brigada. Id allí y preguntad por Lianzer - y se fue, escoltado por sus dos guardias.
Al ver que la emoción había pasado, la gente comenzó a disolverse y cada uno tomó su camino. Sólo quedaron en aquel rincón de la plaza los tres amigos, aunque no estuvieron solos mucho tiempo, pues tres figuras más se les unieron en seguida: Derek, Angela y Michelle.
Los seis amigos se saludaron y abrazaron eufóricos. Obviamente se alegraban mucho de haberse encontrado de nuevo todos, a ninguno le hacía gracia permanecer sólo y a su suerte en aquel mundo extraño. Sólo Angela se mostró un poco más distante y fría, aunque era normal, siempre era así con todo el mundo, aunque con ellos era mucho más “cariñosa” que con la gente en general.
- Bueno –comenzó diciendo Cecilia–. ¿Cuál es el plan ahora, Hans?
- Estamos atrapados –intervino Andrew–. Sólo tenemos una forma de salir de aquí.
Todo el grupo asintió. Todos, excepto Cecilia que no entendía a qué se refería.
- Andrew, ¿de qué hablas?
Todos se miraron entre sí y luego miraron a Hans, agradeciéndole la idea de la “válvula de escape”. Nadie habló, pero Hans finalmente dijo la palabra en la que todos pensaban y Cecilia esperaba oír:
- Alterians.

30 de enero de 2007

Más allá de donde te llevan los sueños (cap. 7)

7. El proyecto Norok

Un año aproximadamente. Eso fue lo que establecieron en un principio que tardaría en desarrollarse todo el proyecto. Y no andaban muy desencaminados, pues a los catorce meses de empezar a trabajar en él lograron terminarlo.

Todo comenzó un día, en la Navidad en la que Michelle y Hans iban a 4º de ESO. Iban caminando juntos por la calle cuando pasaron por una tienda nueva que habían abierto cerca. Una especie de librería, sólo que todos los libros que contenían estaban basados en mitología, fantasía y ciencia ficción.
- ¿No seria maravilloso que el mundo fuera así? –preguntó la rubia de largos cabellos.
- ¿Así cómo? –respondió el chico.
- Pues . . . así. Lleno de mitología, monstruos y esas cosas de fantasía –la mirada de la chica se perdió en algún lugar del infinito–. Sería increíble.
- Vale.
- ¿Cómo que vale?
- Pues que vale. Podría existir.
- Hans, ¿de qué estás hablando?
- Pronto lo verás –dijo cogiéndola de la mano y lanzándole una sonrisa cómplice.

Al cabo de un par de semanas, Hans había pensado en muchísimas cosas, no había dejado de dibujar y reflexionar sobre lo que habían hablado aquella tarde en la tienda. Un día, mientras Michelle estaba tranquilamente en su casa, recibió una llamada de Hans diciéndole que conocía a alguien que les podría ayudar. Aunque al principio no sabía de que se trataba, corrió a casa del chico para que le contara más. Fue así como conocieron a Derek, un chico de otro 4º de su instituto. Ella lo había visto antes por el recreo y por el centro, pero no parecía ser el tipo de chico que encajaba con ellos. Derek era un rebelde y siempre se juntaba con lo peor de cada sitio al que iba. Era un joven guapo, con unos ojos verdes preciosos, que tenía locas a todas las chicas; pero a la vez les daba miedo.
Hans lo conocía desde pequeño, habían pasado muchos años juntos en la misma clase y habían sido amigos hasta hacía unos años, cuando Derek empezó a cambiar. Sin embargo, Hans lo conocía bien y sabía la verdad sobre él: era un genio matemático. Cuando se lo presentó a Michelle y le contó los detalles, ésta acabó aceptando el criterio de su amigo, pues desde que conoció a Hans al entrar a la secundaria, supo que podía confiar en él. Era difícil de explicar, pero tenía algo que trasmitía seguridad, pasara lo que pasara.

Los tres chicos se pasaban los días hablando del proyecto sin parar, pero les faltaban cosas. Necesitaban a gente capaz de hacer lo que ellos aún no podían hacer, así que decidieron pedirle ayuda a alguien especializado en el tema, el presidente del club de fantasía del instituto, un chico rubio de 1º de bachillerato llamado Andrew. Se reunieron con él y le expusieron su idea, junto con todo en lo que ya habían pensado; y se sorprendieron al ver cómo a Andrew se le iban ocurriendo más y más cosas casi sin esfuerzo. Desde luego se notaba que sabía mucho de este tipo de cosas, pero lo suyo superaba los límites de lo previsto. Así fue como se unieron Andrew y Angela, la vicepresidenta del club a la que Andrew había recomendado para entrar también al club. Con ellos eran ya cinco.

En un principio, pensaron cerrar las puertas del club tal y como estaban; sin embargo, un día Andrew sugirió también a una compañera de sus clases del conservatorio, una chica pelirroja más joven que ellos, pero muy trabajadora e interesada en el mundo de la magia y las leyendas fantásticas; se llamaba Cecilia.

De este modo, tan sólo un mes después de haber visitado aquella tienda, los chicos comenzaron a trasladar algunas cosas a la casa de verano de los padres de Michelle, a pie de playa, alejada del centro, y establecieron allí la base de su club.
La casa no era demasiado grande. Contaban con una cocina, un baño, dos dormitorios y un salón. Metieron mucha comida en la nevera, llevaron un par de muebles viejos para el salón, adquirieron una línea de teléfono y llevaron sus ordenadores a uno de los dormitorios, trasladando los colchones de ese al otro.
Al principio casi todas sus reuniones consistían en sentarse en el salón a lanzar ideas sobre el proyecto con mucha ilusión, mientras Hans se esforzaba en apuntar todo cuanto se dijera. Hablaban de mapas, de mitología, de nombres, de razas, de monstruos, de todo lo que cabía esperar que hubiera en un mundo mágico. Al cabo de un par de semanas de reuniones, Hans se puso a repartir tareas a cada uno. Se había autonombrado líder sin darse cuenta, pero en realidad a ninguno le importaba, sabían que si él era líder estaría todo bien.
De este modo, Cecilia se puso a dibujar los mapas de las ciudades y el mapa del mundo, Andrew diseñó los monstruos y las cuevas y otras mazmorras, Michelle nombró los pueblos y le dio a cada uno una historia, Angela creó las razas, repartiéndolas en los diversos pueblos junto a Cecilia y Michelle, Hans se encargó de definir toda la mitología y creó muchísimos cientos de objetos que podían encontrarse en todo el mundo o en zonas únicas; y Derek comenzó a desarrollar todos los cálculos que necesitarían para convertir toda esa información de los ordenadores en un auténtico programa de realidad virtual que les permitiera viajar por ese mundo que estaban creando. Un mundo al que llamaron: Norok.

29 de enero de 2007

Más allá de donde te llevan los sueños (cap. 6)

Se acerca la verdad, pronto sabremos más acerca de nuestros protagonistas y de esos tipos de negro (que ya tienen incluso Fans XD). No os olvidéis de comentar ^_^


6. Despistada.

- ¿Vendrá? –dijo la chica rubia de largos cabellos.
- Seguro que sí. Ten paciencia, Michelle –le respondió el chico moreno de ojos negros que se encontraba a su lado.
- Pues yo no sé. Además, es más joven que todos nosotros. No entiendo por qué una enana va a entrar en nuestro proyecto –respondió la chica corpulenta mientras apuraba un refresco.
- Andrew dijo que era una buena chica –dijo el otro chico moreno, mientras jugaba con una pelota de tenis y se la iba pasando de mano.
- Mirad –dijo Michelle mientras se levantaba–, allí vienen.
Por el final de la calle se veía venir a un chaval rubio vestido de cuero con el cuello alzado y a una pequeña pelirroja que iba a su lado con sus dos coletas y su mochila de clase. Cuando se acercaron, todos se dispusieron a conocer a la sexta integrante de su grupo.
- Habéis tardado un poco, ¿eh, Andrew?
- Lo siento, Hans. El conservatorio es así, a veces sales antes y a veces no –dijo Andrew llevándose una mano a la cabeza y riéndose–. Por cierto, antes de que me olvide; esta, chicos, es Cecilia.


Cuando abrió los ojos supo enseguida qué había pasado: había vuelto a olvidarse de lo primero que le habían dicho. Recordaba perfectamente que le habían dicho, justo en el momento en que Andrew y Michelle entraron en sus cápsulas, que debía desconectar los cascos de seguimiento, para que no cayeran todos dentro sin darse cuenta. Pensó en desactivar el interruptor cuando estuvieran los cuatro dentro, antes haría otra cosa. Pero se había olvidado, como siempre.
Desde el primer día en que la conocieron, no pararon de pensar que era una carga y demasiado cría para participar en aquello; todos menos Hans. Andrew confió en ella al principio, pero se acabó arrepintiendo. Se llevaban bien, pero ella no demostró merecer la confianza que había puesto en ella al presentarle a los demás. Sin embargo, Hans siempre fue estupendo con ella; siempre la sonreía, y no sólo eso, sino que además la animaba y la apoyaba cuando cometía un error y los demás se metían con ella por eso. Hans era distinto a los demás . . . él era especial para ella.
Se levantó en lo alto de una piedra enorme y perfectamente cúbica. Parecía estar hecha de algún tipo de mineral muy especial, se le notaba en el brillo que desprendía. Lástima que fuera Hans el que diseñó todos los objetos y no ella, así podría haber reconocido aquello. Pero ella conocía los planos. En cuanto supiera dónde estaba sabría llegar a cualquier lugar como si fuera cruzar la calle.
Se asomó al borde de la piedra para ver a qué altura se encontraba. Eran unos tres metros, pero las alturas no le daban miedo, así que se sentó en el borde y se dispuso a saltar, cuando alguien le habló.
- Usted, señorita.
- ¿Yo? –dijo la chica pelirroja mirando en todas direcciones. Finalmente, vio a su izquierda, en el suelo, a quien le hablaba: un hombre adulto bastante corpulento vestido con una túnica negra, un sombrero muy grande y una de esas cosas que ella llamaba “cuchillos largos”.
- Sí, usted –dijo el hombre–. ¿Qué cree que está haciendo?
- Yo . . . ¿qué?
Al acercarse más, el hombre pudo verla mejor. Aquella chica era toda una extraña en aquel lugar con sus botas altas de tacón, su ropa oscura y esos extraños, para aquel hombre, adornos metálicos que llevaba en las muñecas y en el cuello. Realmente, su apariencia era extremadamente sospechosa.
- Me veo obligado a pedirle que baje ahora mismo de ahí, señorita –dijo el hombre mientras acercaba la mano a la empuñadura de su florete.
- Ya va, ya va –dijo la chica dándose la vuelta y preparándose para bajar cuando, en el último momento, resbaló y calló de culo sobre el hombre.
Otros dos compañeros suyos que se encontraban cerca, sobresaltados, empezaron a correr hacia ella y a hacer sonar una especie de silbatos que llevaban colgados del cuello, a lo que respondieron otros siete más que fueron hacia donde se encontraban ella, la piedra y el tipo al que acababa de derribar.
En su cabeza comenzaron a cruzarse palabras, estrellándose unas con otras, hasta que finalmente una sobresalió de entre las demás: “Corre”; así que le hizo caso, se levantó a toda prisa y echó a correr como alma que lleva el diablo.
Corrió y corrió por todas las calles de la ciudad mientras los diez hombres de las túnicas la perseguían. Fue esquivando a la gente como buenamente pudo, empujó sin querer a algunas personas, incluyendo a un chaval que debía ser poco mayor que ella y que calló al suelo. En otro tipo de circunstancias habría intentado ayudarle, pero si se paraba no sabía lo que le podría ocurrir, así que siguió hacia delante y entró en una gran plaza, lo que debía ser el centro de aquella ciudad. Mientras seguía corriendo giró un segundo la cabeza para ver a qué distancia quedaban sus perseguidores. En ese instante, notó un fuerte impacto y el suelo dejó de estar a sus pies, que salieron disparados hacia el aire y, por segunda vez en ese día, cayó al suelo de culo. Volvió a mirar al frente para ver la figura de un chico moreno de ojos negros. Al verse, los dos se reconocieron y exclamaron a la vez:
- ¡Tú!
En ese momento, los diez hombres que la perseguían aprovecharon para rodear a los dos jóvenes en el centro de aquella plaza.

28 de enero de 2007

Más allá de donde te llevan los sueños (cap. 5)

Poco a poco vamos conociendo más sobre los personajes y ese proyecto del que hablan. ¿Qué será realmente? (nótese que trata de ponerse misterioso)


5. Arrollado.

- Mapas, historia, razas, deidades, monstruos, pueblos, objetos . . . ¿algo más? –dijo una chica pelirroja.
- Creo que también deberíamos hacer un presupuesto para el material electrónico que vamos a necesitar para construir las máquinas y para hacer todos los cálculos –contestó un joven de pelo negro azabache y deliciosos ojos verdes.
- Siempre igual, Derek. Esta es la fase de creación. No nos estropees este momento con tus numeritos.
- ¡Cecilia! –dijo una chica rubia de largos cabellos levantándose de golpe de la mesa en la que estaban todos sentados, una mesa hexagonal que el club había conseguido en una tienda de antigüedades.

Despertó mientras recordaba aquella conversación. Y pensar que sólo había pasado un año desde entonces. Nunca pensaron que el proyecto terminaría tan pronto; es más, ni siquiera pensaban que fuera a terminar realmente. Muchas veces pensaron que lo acabarían dejando, que era demasiado complicado. Pero, por suerte, cada uno de ellos era capaz de solucionar algún problema cuando todos los demás lo daban por imposible. En su caso, su habilidad para las matemáticas a niveles muy superiores a los de un chico de dieciséis años.
Se levantó donde se encontraba. Sus manos notaban el frío tacto de la tierra que tenía bajo él, tierra movida y labrada. Estaba en una especie de granja. Miró a su alrededor y vio muy cerca un pueblo. Miró al cielo y vio que debía ser cerca del mediodía, aunque no sabía si antes o después. Miró un poco más allá y vio unas montañas bastante lejanas en una dirección y una gran colina verde en la otra. No sabía hacia dónde dirigirse, pero si quería averiguar qué había pasado y por qué no tenía más remedio que ir a la ciudad. Comenzó a andar antes de que ningún campesino se le acercara a decirle algo. Por suerte, sus pantalones cortos marrones y su chaleco gris no llamarían mucho la atención entre aquellas gentes.

Mientras andaba y andaba por las callejuelas de aquella ciudad, no podía dejar de preguntarse a sí mismo cómo había acabado allí. Se suponía que él se quedaría esperando y monitorizando junto a Cecilia . . . ¿Habría cometido algún error? Era poco probable, pero posible a fin de cuentas . . .
De pasó corriendo a gran velocidad junto a él, seguida de inmediato de unos diez hombres con ropas negras y sombreros igual de negros. El movimiento de tantas personas corriendo a su lado mientras andaba le hizo perder el equilibrio y cayó al suelo de espaldas, justo en la entrada de una gran plaza. Cuando todos los hombres de negro habían terminado de pasar y él empezaba a levantarse, una última figura pasó corriendo por su lado y al igual que las demás, tampoco se había percatado de su presencia. Esta vez, se trataba de una chica rubia de pelo muy largo y una falda muy corta. La chica se alejó de él, adentrándose en la plaza.
“Al menos las he encontrado. Lo que me pregunto es: ¿por qué no podrá estarse quieta esa enana?” –pensó para sus adentros.

27 de enero de 2007

Más allá de donde te llevan los sueños (cap. 4)

A ver si siguiendo el ritmo va entrando más gente. Todos los que entréis, si conocéis a alguien que le pueda gustar esta historia, difundidlo, el objetivo es que mediante vuestras críticas constructivas y destructivas pueda mejorar los errores que pueda tener la historia y la escritura en sí.


4. La librería de Dancus.

Era una librería realmente impresionante. A pesar de parecer tan pobre, aquella ciudad tenia una herencia cultural enorme si poseía tal cantidad de libros. Aquello tenía tres plantas, más de diez habitaciones distintas seccionadas y un par de salas más pequeñas para leer cuanto uno quisiera. Se acercó a un señor mayor con gafas y pelo canoso que parecía ser, si no el dueño, al menos el encargado de aquel lugar.
- Disculpe señor, me preguntaba si podía ayudarme –dijo haciendo alarde de su labia siempre eficaz; y en estos momentos en los que iba con chaqueta de cuero y pantalones oscuros en una ciudad medieval, le era imprescindible usarla para no asustar a la gente.
- ¿Sí? –dijo el hombre volviéndose hacia él.
El hombre se sobresaltó un poco al verlo, pero al ver a un joven tan guapo como él, con sus cabellos rubios cortitos, sus ojos marrón claro y esa sonrisa de oreja a oreja, no se llegó a asustar.
- ¿Qué deseaba jovencito?
- Pues verá, acabo de llegar a esta ciudad. Vengo de tierras muy lejanas y las gentes de este pueblo se asustan un poco al verme.
- Es comprensible, no hay más que verle, sus ropas dan miedo.
- Lo sé –dijo un poco avergonzado por no haberlo previsto antes–. Por eso vine a este lugar, buscando cierta información.
- ¿De qué se trata?
- Me gustaría saber en qué ciudad me encuentro –dijo todavía más avergonzado.
La cara del hombre mostraba que no comprendía bien al joven.
- Llevo viajando mucho tiempo y me distancié bastante de mi rumbo. Además, este no parece el pueblo al que quería llegar. Por eso me gustaría saber dónde me encuentro, para ver si podría reorientarme.
- Ahora le entiendo, joven –dijo el señor–. Esta ciudad es la villa de Dancus, en el país de Sedsol.
El joven se sobresaltó y abrió los ojos como platos.
- ¿Quiere decir que esto es el continente de Arreit?
- ¿Tanto le sorprende? ¿Cuánto se ha desviado de su viaje, joven?
Se quedó callado, no sabía qué responder cuando de pronto, un fuerte jaleo surgió en la calle. Tanto el señor mayor como él salieron corriendo hacia la puerta, fruto del desconcierto y la curiosidad; pues hace un rato en aquella ciudad reinaba la tranquilidad propia de la mañana.
Cuando cruzaron la puerta y se encontraron en la plaza del centro de la ciudad, vieron como un grupo de hombres con túnicas y floretes rodeaban a dos chicos.
- La brigada haciendo otra vez de las suyas. Cualquier motivo les parece suficiente para perseguir a alguien.
El joven salió corriendo hacia el tumulto que se había formado alrededor. No cabía duda. Los había encontrado.
- ¡Son ellos!

26 de enero de 2007

Más allá de donde te llevan los sueños (cap. 3)

Hoy no me ando con rodeos. Tercer capítulo.


3. La fuente.

- Ahora iré yo –dijo.
- ¿Tanta prisa tienes por empezar? –preguntó la voz dulce de una chica evidentemente más joven.
- Vamos a ir cuatro, Hans insiste en ser el último; y Michelle y Andrew ya han entrado. Era obvio, ¿no, enana?
- Deja de llamarme eso, por favor, ya casi tengo los dieciséis –dijo la chica con aire ofendido.
- Perdóname, peque –dijo la otra entrando en una pequeña cápsula.
La chica pequeña se puso a abrocharle un casco y ajustárselo bien.
- ¿Te aprieta?
- Para nada –dijo haciendo con la mano un gesto de que todo iba bien.

Pero no era cierto, no quería que los demás la vieran quejarse. El casco le apretaba y la cápsula le parecía algo angosta. No era algo tan raro, era muy corpulenta comparada con sus amigos, aunque eso no se había hecho notar nunca, siempre la habían tratado igual que a cualquiera, era una más en el grupo y eso le hacía sentir muy bien. Sin embargo, habían hecho las seis cabinas del mismo tamaño, medidas aproximadas y producción en serie les saldría mucho más barato; y eso era algo importante, pues para un grupo de chavales de unos diecisiete años, el dinero había supuesto muchas trabas en toda la realización del proyecto Norok.
De repente notó que todo su cuerpo se contraía y luego se relajaba, quedaba como suspendida en el aire durante unos segundo, un gran flash blanco la cegaba y sentía que se desvanecía. Justo entonces, en ese momento, volvía a caer. Parecía que caía durante horas, aunque realmente no fueran más que unos segundos. Lo primero que escuchó cuando recobró la conciencia fue un objeto cayendo al agua, y lo primero que sintió fue cómo este agua la empapaba entera.

Se levantó súbitamente donde se encontraba. Estaba dentro una fuente, con el agua por encima de las rodillas, en el centro de una especie de ciudad medieval. ¿Había funcionado? ¿De verdad todo el trabajo había servido para algo? Era realmente emocionante y, durante unos segundos, sintió ganas de llorar. Pero no, no ella, no debía caer en eso.
La gente no dejaba de mirarla sorprendida, pero ella no les prestaba atención, no hacía más que pensar en lo que podía haber ido mal. De pronto recordó algo más; cuando estaba a punto de desvanecerse, hubo un movimiento súbito, como si algo moviera todo el equipo. Quizás por eso no habían aparecido los cuatro juntos. Por lo menos confiaba en que estuvieran todos en la misma ciudad.
Mientras seguía absorta en sus divagaciones y se tocaba su pelo negro corto, empapado por el agua de la fuente, vislumbró una figura entrando en la plaza.
- ¡Es él! –dijo, tratando de tranquilizarse al instante, para mantener la compostura.
Comenzó a avanzar hacia él con aire decidido, pero de repente una chica pelirroja se chocó contra él y ambos cayeron al suelo, quedando en un segundo rodeados por un grupo de hombres de negro con sombreros y floretes.
“¿Qué está pasando aquí? Y esa chica . . . ¿era ella?

25 de enero de 2007

Más allá de donde te llevan los sueños (cap. 2)

Dada la buena acogida del primer capítulo de la reedición, vamos a dar paso al segundo, diciendo sólo que espero que vaya teniendo cada uno tan buena acogida como el anterior ^_^


2. Caídas y carreras.

El cielo azul era precioso, no cabía ninguna duda, pero . . . No tenía tiempo para aquello. Se había despertado en lo alto de un tejado, a unos diez metros por encima de las calles en las que la gente comenzaba su rutina diaria. Se levantó y se acercó al borde del tejado, buscando una manera de bajar. Al asomarse, sus cabellos rubios y sus dos mechones plateados cayeron sobre sus hombros, casi hasta su cintura. Intentó echárselos hacia atrás, pero casi perdió el equilibrio y cayó de rodillas en el borde, lastimándose un poco y haciéndose una rozadura en las rodillas. En ese momento se lamentó de no usar faldas más largas.
“Casi me caigo –pensó–. Debo tener más cuidado”. En ese momento, el suelo que estaba bajo sus pies, el borde de la cornisa, cedió y se desprendió, haciéndola caer hacia la calle entre un montón de escombros.
- Por favor, esto es lo típico que le pasaría a Cecilia -dijo en voz alta mientras se levantaba y se sacudía el polvo de los escombros.
A su alrededor, todos la miraban con cara extrañada. No se lo podía reprochar, todos llevaban ropas de campesinos con tonos marrones y ella iba con una camiseta de tirantes rosa, una chaqueta vaquera y una minifalda vaquera también. Una chica la ayudó a levantarse y le preguntó si se encontraba bien.
- Sí, gracias. “Qué suerte, al menos son humanos, Andrew es el único que podría hablar otro idioma . . . Andrew . . .” Perdonen –dijo dejando sus pensamientos y hablando a todos los que la miraban-, ¿han visto por casualidad a más gente con ropas extrañas como las mías?
Nadie respondía, parecían estar asustados de ella. Una madre incluso escondía a su hija y se la llevaba de allí. Miró detrás suya, había estado en el tejado de lo que parecía ser una pastelería. Eso le recordaba al día anterior, cuando los seis habían ido a comprar una gran tarta para celebrar que habían completado el experimento. Y luego, aquella noche . . .
“No tengo tiempo que perder, necesito encontrarlos a todos antes de que ocurra algo malo –pensó”.
En ese momento un gran barullo inundó las calles y pudo ver por una esquina cómo una chica pelirroja corría a toda velocidad y cómo varios hombres la perseguían; sólo que estos no parecían aldeanos. Iban con túnicas negras largas, sombreros también negros con gran ala y floretes envainados atados a sus cinturas.
- Es ella . . . –murmuró.
Y comenzó a perseguirla, a varios metros por detrás de aquellos hombres de negro que levantaban todo el polvo de la calle a su carrera. Corrieron a lo largo de varias calles, huyendo aquella chica de sus perseguidores, cuando repentinamente se pararon en seco. La multitud se agolpó y le impidió ver nada, sólo cómo aquellos hombres la rodeaban e iban desenvainando sus floretes. Una vez más, la pelirroja había hecho de las suyas.

24 de enero de 2007

Más allá de donde te llevan los sueños (cap. 1)

Hoy querría comenzar con una reedición que estoy haciendo de un viejo escrito mío. Espero que os guste, es una historia muy importante para mí. Acepto cualquier tipo de crítica y sugerencia. Y para los que ya leísteis algo de la historia, os diré que notaréis muchos cambios, no sólo en el estilo de escritura (más maduro después de estos años), sino también en el desarrollo de la historia. Abundan los retoques y la ampliación del argumento. Pero no creo que se haya echado a perder ni nada por el estilo . . . pero bueno, vosotros decidís. Y ahora sin más dilación, os dejo con el primer capítulo.


1. Despertar

La cabeza le dolía como si fuera a reventar, le martilleaba incesantemente mientras observaba el cielo tumbado sobre la hierba. ¿Qué había pasado? Cuando la luz los engulló debió perder el conocimiento, pero . . . ¿y el laboratorio? ¿Y los demás? ¿Qué había sido de los cascos y todo el equipo? ¿Había funcionado? ¿Realmente estaba allí? Pero no debía estar sólo. Los demás estarían por allí, en algún lugar.
Se incorporó donde se hallaba. Estaba sobre un largo prado en lo alto de una colina y más abajo se extendía una gran ciudad medieval. El cielo estaba despejado, salvo por algunas nubes en el horizonte, cerca de las montañas en el este, por donde había salido el Sol unas horas antes. Eran aproximadamente las diez o las once de la mañana, a juzgar por la posición del Sol y el movimiento que se veía en la ciudad.
Se levantó. Esperaba poder aumentar su radio de visión y localizar a sus amigos, pero no veía a nadie. Había una agradable brisa que mecía sus cabellos negros y largos y la temperatura era tan agradable que le dieron ganas de volver a tumbarse, pero no, tenía que encontrar a los demás. Y si habían aparecido cerca de donde se hallaba él, irían a la ciudad de más abajo; así que allí se dirigió.

Mientras caminaba muchas preguntas le atormentaban, pero sin duda la mayor de todas era dónde se encontraba. Una vez supiera el nombre de la ciudad que había más abajo, podría empezar a pensar en volver a casa. Anduvo un largo rato, más de lo que esperaba en realidad. La ciudad desde la colina parecía estar mucho más cercana, pero aún así tardó casi media hora en alcanzarla.
Cuando llegó allí, la gente no dejaba de mirarle. Al principio se preguntó por qué, pero al poco se dio cuenta. No habían completado aún el programa de vestuario, así que seguía vistiendo los mismos vaqueros y la misma camiseta de mangas cortas que llevaba en casa, cuando estaba con los demás. No obstante, nadie le dijo nada, se limitaban a mirarlo como a un bicho raro. Quizás pensaran que era un extranjero o algo así. Norok era muy grande y cualquier cosa allí era posible. Al menos había aparecido en una ciudad de humanos, así no destacaría tanto. Caminó y caminó observando las tiendas de artesanías y a los campesinos trabajando en las granjas del barrio oeste de la ciudad, cuando, de repente, se chocó con alguien que corría alocadamente hacia él y ambos cayeron al suelo. El desconocido era una chica, menuda y pelirroja de largos cabellos y carita infantil. Al verse, ambos se señalaron y gritaron al unísono:
- ¡Tú!

23 de enero de 2007

Amor fraternal

He aquí un pequeño relato que escribí hace cosa de un año. Es posible que haya gente a la que no le guste, por diversos motivos ^^U Pero aún así lo expongo para que los que queráis podáis disfrutarlo. Espero que os guste.


Amor Fraternal
por Sonel Leesmound
El Sol comenzaba a ocultarse por detrás de las montañas y en un gran jardín dos niños corrían jugando de un lado a otro. Eran un chico y una chica. Un niño pequeño de unos 6 años y una chica algo mayor de unos 10 años. Ambos tenían un pelo dorado como el Sol y una tez blanca como la azucena. Sus nombres eran Aurora y David; y eran los hijos del rey de un pequeño castillo de unas lejanas tierras del oeste. David corría delante de su hermana tratando de evitar que ésta lo atrapara cuando se resbaló con la hierba y cayó al suelo. El joven príncipe lloraba desconsoladamente hasta que su hermana se acercó a él. Aurora sacó de los bajos de su vestido azul cielo un pañuelo rosa de seda con unas iniciales bordadas: D. Y. A. Se inclinó y le limpió la sangre que brotaba de la rodilla de su hermano pequeño.
- No debes llorar, en este mundo hay muchos tipos de heridas, pero de una como ésta no tienes por qué preocuparte. – su hermano lo miraba con una leve sonrisa y unos ojos verdes preciosos.
Una señora mayor con un aire muy seria se acercó a ellos y los levantó del suelo al tiempo que gritaba:
- ¡Ya es muy tarde para que andéis vagabundeando por los campos! ¡Además, señorita Aurora, usted no debe salir, ya sabe lo que le dijo el doctor a sus padres!
David miró a aquella señora como si intentase preguntarle qué fue lo que dijo el doctor, pero no se atrevió a preguntar, temía demasiado a aquella mujer como para hablar en su presencia.
Los chicos fueron al castillo y entraron a sus aposentos, para cambiarse y bajar a cenar.


Habían pasado dos meses desde aquella tarde en la que los dos hermanos jugaban en los prados del castillo. Esa mañana el castillo se encontraba muy concurrido desde horas muy tempranas, cientos de visitantes entraban y salían, todos con miradas tristes y semblantes serios. En el fondo de una gran estancia un hombre mayor y una señora algo más joven estaban de pie a la izquierda de un niño pequeño de cabellos dorados y una linda cara ensombrecida. Un hombre se acercó al trío y tras hablar con el hombre y la mujer se agachó ante el chico y le dijo:
- Tu hermana era una gran persona, joven príncipe. Es una pena que nos abandonara.
Otras personas pasaron por allí y dijeron oraciones como “mi más sincero pésame”, “era demasiado joven y bella para morir, no hay justicia” o “ahora está con Dios, pero siempre nos quedará su recuerdo”.
Aurora había muerto aquella misma noche. Algunos decían que fue un castigo de Dios por nacer tan bella, pero la verdad era que ella estaba muy enferma, tenía problemas para respirar, su pulso era muy irregular y cada vez se sentía más débil hasta que, aquella noche, su corazón se paró mientras dormía; deteniendo el tiempo para ella y conservándola joven y hermosa para siempre.
El entierro se produjo en el cementerio del castillo a la puesta de Sol. David vio como descendían el féretro de su hermana y la enterraban. No sabía qué hacer, la desesperación lo inundaba, llegó a pensar en arrojarse a la tumba de su hermana para que lo enterraran con ella; pero se contuvo, aunque no pudo evitar que lágrimas brotaran de sus ojos y profundos suspiros lo inundaran. Se había quedado sólo, sin nadie con quién celebrar su séptimo cumpleaños, como llevaba haciendo años anteriores con su hermanita.


De pronto se vio sólo ante el lugar donde descansaba su hermana, había pasado allí toda la noche, desde que terminó el entierro. Ni siquiera sus padres tuvieron suficiente valor como para hacerlo entrar al castillo. David moría de pena mientras leía el epitafio que su hermana dejó: “Es injusto que aquello que puede dar tanta vida pueda ser también la herida más grande que nunca sanará”. Aunque eran hermanos, David y Aurora se amaban, eran sólo niños y no deberían entender ni de lejos qué es el amor, pero en aquella fría y oscura noche, el corazón de David sufrió una herida que no sabía cómo sanar, pues esta vez el pañuelo de su hermana no le aliviaría el dolor. Así fue como amaneció un día nublado, como todos los que sucederían a aquel durante los siguientes diez años, pues para un joven príncipe el Sol se había ido y con él se había marchado su razón de vivir.

22 de enero de 2007

Plantilla completada

Tras un largo y laborioso proceso, he completado la plantilla que tendrá este Blog de ahora en adelante (al menos hasta que me aburra y decida cambiarlo). Si alguien tiene alguna sugerencia o idea para mejorar la plantilla, que deje un comentario. Agradezco cualquier ayuda ahora en estos duros y difíciles comienzos. Gracias a todos.

Inicios

Abierto este blog, intentaré que sirva de algo y, aunque aún no tiene un propósito, se lo encontraré.