Amor Fraternal
por Sonel Leesmound
- No debes llorar, en este mundo hay muchos tipos de heridas, pero de una como ésta no tienes por qué preocuparte. – su hermano lo miraba con una leve sonrisa y unos ojos verdes preciosos.
Una señora mayor con un aire muy seria se acercó a ellos y los levantó del suelo al tiempo que gritaba:
- ¡Ya es muy tarde para que andéis vagabundeando por los campos! ¡Además, señorita Aurora, usted no debe salir, ya sabe lo que le dijo el doctor a sus padres!
David miró a aquella señora como si intentase preguntarle qué fue lo que dijo el doctor, pero no se atrevió a preguntar, temía demasiado a aquella mujer como para hablar en su presencia.
Los chicos fueron al castillo y entraron a sus aposentos, para cambiarse y bajar a cenar.
Habían pasado dos meses desde aquella tarde en la que los dos hermanos jugaban en los prados del castillo. Esa mañana el castillo se encontraba muy concurrido desde horas muy tempranas, cientos de visitantes entraban y salían, todos con miradas tristes y semblantes serios. En el fondo de una gran estancia un hombre mayor y una señora algo más joven estaban de pie a la izquierda de un niño pequeño de cabellos dorados y una linda cara ensombrecida. Un hombre se acercó al trío y tras hablar con el hombre y la mujer se agachó ante el chico y le dijo:
- Tu hermana era una gran persona, joven príncipe. Es una pena que nos abandonara.
Otras personas pasaron por allí y dijeron oraciones como “mi más sincero pésame”, “era demasiado joven y bella para morir, no hay justicia” o “ahora está con Dios, pero siempre nos quedará su recuerdo”.
Aurora había muerto aquella misma noche. Algunos decían que fue un castigo de Dios por nacer tan bella, pero la verdad era que ella estaba muy enferma, tenía problemas para respirar, su pulso era muy irregular y cada vez se sentía más débil hasta que, aquella noche, su corazón se paró mientras dormía; deteniendo el tiempo para ella y conservándola joven y hermosa para siempre.
El entierro se produjo en el cementerio del castillo a la puesta de Sol. David vio como descendían el féretro de su hermana y la enterraban. No sabía qué hacer, la desesperación lo inundaba, llegó a pensar en arrojarse a la tumba de su hermana para que lo enterraran con ella; pero se contuvo, aunque no pudo evitar que lágrimas brotaran de sus ojos y profundos suspiros lo inundaran. Se había quedado sólo, sin nadie con quién celebrar su séptimo cumpleaños, como llevaba haciendo años anteriores con su hermanita.
De pronto se vio sólo ante el lugar donde descansaba su hermana, había pasado allí toda la noche, desde que terminó el entierro. Ni siquiera sus padres tuvieron suficiente valor como para hacerlo entrar al castillo. David moría de pena mientras leía el epitafio que su hermana dejó: “Es injusto que aquello que puede dar tanta vida pueda ser también la herida más grande que nunca sanará”. Aunque eran hermanos, David y Aurora se amaban, eran sólo niños y no deberían entender ni de lejos qué es el amor, pero en aquella fría y oscura noche, el corazón de David sufrió una herida que no sabía cómo sanar, pues esta vez el pañuelo de su hermana no le aliviaría el dolor. Así fue como amaneció un día nublado, como todos los que sucederían a aquel durante los siguientes diez años, pues para un joven príncipe el Sol se había ido y con él se había marchado su razón de vivir.

5 comentarios:
Wolas ^^
Muy bonito el post, me gustó mucho ^^ Si es que cuando tas inspirado.. jejeje Bss!!!! :*
Wow, sin comentarios...deberias dedicarte a escribir, en serio. Es precioso. Ya tienes una lectora constante de tu blog, que lo sepas *-*
vaya que pasadaa m4 gustó mucho en serio n.n espero que sigas escribiendo y podamos leer mas maravillas de estas n.n Un besazo!!
Muy lindo, nii-chan, ya te lo dije en su día, espero que tu blog prospere. Kissus
jode k mas exo asta k seme saltaran las lagrimas.es precioso,k bien se te da escribir estas historis.mxos bss pal mjor
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