30 de enero de 2007

Más allá de donde te llevan los sueños (cap. 7)

7. El proyecto Norok

Un año aproximadamente. Eso fue lo que establecieron en un principio que tardaría en desarrollarse todo el proyecto. Y no andaban muy desencaminados, pues a los catorce meses de empezar a trabajar en él lograron terminarlo.

Todo comenzó un día, en la Navidad en la que Michelle y Hans iban a 4º de ESO. Iban caminando juntos por la calle cuando pasaron por una tienda nueva que habían abierto cerca. Una especie de librería, sólo que todos los libros que contenían estaban basados en mitología, fantasía y ciencia ficción.
- ¿No seria maravilloso que el mundo fuera así? –preguntó la rubia de largos cabellos.
- ¿Así cómo? –respondió el chico.
- Pues . . . así. Lleno de mitología, monstruos y esas cosas de fantasía –la mirada de la chica se perdió en algún lugar del infinito–. Sería increíble.
- Vale.
- ¿Cómo que vale?
- Pues que vale. Podría existir.
- Hans, ¿de qué estás hablando?
- Pronto lo verás –dijo cogiéndola de la mano y lanzándole una sonrisa cómplice.

Al cabo de un par de semanas, Hans había pensado en muchísimas cosas, no había dejado de dibujar y reflexionar sobre lo que habían hablado aquella tarde en la tienda. Un día, mientras Michelle estaba tranquilamente en su casa, recibió una llamada de Hans diciéndole que conocía a alguien que les podría ayudar. Aunque al principio no sabía de que se trataba, corrió a casa del chico para que le contara más. Fue así como conocieron a Derek, un chico de otro 4º de su instituto. Ella lo había visto antes por el recreo y por el centro, pero no parecía ser el tipo de chico que encajaba con ellos. Derek era un rebelde y siempre se juntaba con lo peor de cada sitio al que iba. Era un joven guapo, con unos ojos verdes preciosos, que tenía locas a todas las chicas; pero a la vez les daba miedo.
Hans lo conocía desde pequeño, habían pasado muchos años juntos en la misma clase y habían sido amigos hasta hacía unos años, cuando Derek empezó a cambiar. Sin embargo, Hans lo conocía bien y sabía la verdad sobre él: era un genio matemático. Cuando se lo presentó a Michelle y le contó los detalles, ésta acabó aceptando el criterio de su amigo, pues desde que conoció a Hans al entrar a la secundaria, supo que podía confiar en él. Era difícil de explicar, pero tenía algo que trasmitía seguridad, pasara lo que pasara.

Los tres chicos se pasaban los días hablando del proyecto sin parar, pero les faltaban cosas. Necesitaban a gente capaz de hacer lo que ellos aún no podían hacer, así que decidieron pedirle ayuda a alguien especializado en el tema, el presidente del club de fantasía del instituto, un chico rubio de 1º de bachillerato llamado Andrew. Se reunieron con él y le expusieron su idea, junto con todo en lo que ya habían pensado; y se sorprendieron al ver cómo a Andrew se le iban ocurriendo más y más cosas casi sin esfuerzo. Desde luego se notaba que sabía mucho de este tipo de cosas, pero lo suyo superaba los límites de lo previsto. Así fue como se unieron Andrew y Angela, la vicepresidenta del club a la que Andrew había recomendado para entrar también al club. Con ellos eran ya cinco.

En un principio, pensaron cerrar las puertas del club tal y como estaban; sin embargo, un día Andrew sugirió también a una compañera de sus clases del conservatorio, una chica pelirroja más joven que ellos, pero muy trabajadora e interesada en el mundo de la magia y las leyendas fantásticas; se llamaba Cecilia.

De este modo, tan sólo un mes después de haber visitado aquella tienda, los chicos comenzaron a trasladar algunas cosas a la casa de verano de los padres de Michelle, a pie de playa, alejada del centro, y establecieron allí la base de su club.
La casa no era demasiado grande. Contaban con una cocina, un baño, dos dormitorios y un salón. Metieron mucha comida en la nevera, llevaron un par de muebles viejos para el salón, adquirieron una línea de teléfono y llevaron sus ordenadores a uno de los dormitorios, trasladando los colchones de ese al otro.
Al principio casi todas sus reuniones consistían en sentarse en el salón a lanzar ideas sobre el proyecto con mucha ilusión, mientras Hans se esforzaba en apuntar todo cuanto se dijera. Hablaban de mapas, de mitología, de nombres, de razas, de monstruos, de todo lo que cabía esperar que hubiera en un mundo mágico. Al cabo de un par de semanas de reuniones, Hans se puso a repartir tareas a cada uno. Se había autonombrado líder sin darse cuenta, pero en realidad a ninguno le importaba, sabían que si él era líder estaría todo bien.
De este modo, Cecilia se puso a dibujar los mapas de las ciudades y el mapa del mundo, Andrew diseñó los monstruos y las cuevas y otras mazmorras, Michelle nombró los pueblos y le dio a cada uno una historia, Angela creó las razas, repartiéndolas en los diversos pueblos junto a Cecilia y Michelle, Hans se encargó de definir toda la mitología y creó muchísimos cientos de objetos que podían encontrarse en todo el mundo o en zonas únicas; y Derek comenzó a desarrollar todos los cálculos que necesitarían para convertir toda esa información de los ordenadores en un auténtico programa de realidad virtual que les permitiera viajar por ese mundo que estaban creando. Un mundo al que llamaron: Norok.

1 comentario:

Anónimo dijo...

wejei san deskubierto ya tolos personajes oioioioio ai rubios morenos plirrojoa ai pa elegir jejejejeje
wena trama ya k al mantener el misterio al principio da a la gente kuriosidad y mas kuriosidad al saber k personajes ai y to lo k acian jejejeje.
MARAVILLOSO