Hoy tendréis más detalles importantes y un nuevo misterior que comienza, veamos qué tal.
9. Destino: Alterians
- ¿Ves? Y de este modo tendremos un vía de escape en el caso de que el programa tenga cualquier tipo de problema.
- Sí, si entiendo lo que me quieres decir, Hans. Pero en serio crear algo así sería muy complejo. Es casi un vínculo directo entre ambas realidades.
- Lo sé, pero eres el único que tiene conocimientos para hacerlo, Derek. Además, es útil y merece la pena.
- Vale, haré lo que pueda. Tú déjalo en mis manos.
La mirada de Cecilia iba saltando de uno a otro de sus amigos. Le sonaba la palabra, pero de todos ellos, era la que menos relacionada estaba con aquel tema.
- ¿Os referís a aquel sistema para salir por si ocurría algo?
- ¿Algo como esto? –dijo Angela–. Sí.
- Así que de eso se trata. Entonces –dijo Cecilia sonriendo–. Sólo tenemos que ir allí y activar el portal, ¿no?
- No es . . . tan sencillo –dijo Derek.
- Cierto, al crearla tuvimos que tener en cuenta una serie de problemas –continuó Andrew.
- ¿Problemas?
- Así es –respondió el chico, ajustando sus cabellos rubios–. El portal supone un acceso directo de este mundo al mundo real.
- Y aunque es poco probable –le interrumpió Hans–, existe la posibilidad de que información creada en este mundo atraviese ese portal para tomar forma en nuestro propio mundo.
- Es por eso que tomé la decisión de hacerla inalcanzable –dijo para terminar Derek–. Coloqué el portal muy lejos, en un lugar poco accesible, para que no pudiera llegar cualquiera y evitar así una desgracia. Así que para llegar allí tardaremos un tiempo.
Todo el grupo se quedó pensativo un buen rato, ninguno se miraba, todos meditaban mirando al suelo, excepto Cecilia, que miraba a las nubes.
- Tenemos todas las claves para acceder a ella, ¿verdad? Quiero decir: si hay trampas o puzzles que resolver, ¿sabremos resolverlos? –preguntó Angela.
- Hans, Michelle y yo nos los aprendimos a la perfección, no hay ningún problema –dijo Derek.
Se hizo de nuevo el silencio. Ni un alma se escuchaba en el pueblo. Aún no era la hora de comer, pero reinaba un silencio que parecía sepulcral, como el de un cementerio. No obstante, ellos sólo andaban inmersos en sí mismos y no se dieron cuenta de la calma que les rodeaba.
- Supongo que lo mejor sería partir cuanto antes –dijo finalmente Cecilia.
- Estoy de acuerdo –corroboró Hans.
- Pues entonces en marcha –dijo Derek levantando la vista y mirándolos a todos–, pero . . . antes tenemos que averiguar dónde estamos.
- Yo lo sé –se adelantó Andrew–. Un hombre en la biblioteca me dijo que esta ciudad es Dancus.
Las chicas, que habían trabajado mucho más con los pueblos y conocían la distribución de todos ellos, reaccionaron al instante.
- ¿El Dancus de Sedsol? ¿En Arreit? –dijo Michelle.
- Eso está a muchísima distancia de nuestro destino –intervino Angela.
- Además –continuó Cecilia–, Arreit es un continente pequeño, tendremos que cruzar el océano para llegar allí. Y no es fácil conseguir un barco.
- Lo siento –dijo Hans, avergonzado, pues él había creado los objetos y por tanto había estimado el valor del dinero.
Todos lo miraron con unos ojos que indicaban que no debía preocuparse, que no tenía importancia.
- Propongo el paso de Farent –habló Andrew.
- Quizá no sea una mala idea, es el modo más fácil y rápido para llegar a Auga y desde allí podremos encontrar la manera de montar en un barco o tren que nos lleve hasta Eria. Nos ahorraríamos el tener que atravesar Amall –dijo Cecilia, que se sabía perfectamente el mapa del mundo.
- Entonces, ¿decidido? ¿Seguiremos esa ruta? –volvió a decir Andrew.
Todos asintieron y se sonrieron, mientras pasaban a otros temas más relajados, buscando la forma de no pensar más en el problema que tenían entre manos, aunque ya lo hubieran “resuelto”.
El cielo se ennegreció de repente, anunciando una fuerte tormenta; y el viento se levantó amenazador desde sus pies. La gente volvía a inundar las calles, en mayor ritmo y cantidad que aquella un rato antes. Todos corrían despavoridos hacia Dios sabe dónde, como si huyeran de algo. Algunos, mirando al cielo con lágrimas en los ojos, se dejaban caer al suelo con una mezcla extraña de terror y abandono en sus rostros. Imitándoles, el grupo miró al cielo, donde pudo ver unas hordas de algún tipo de ave muy oscura volando hacia el pueblo desde el horizonte, a poca altura.
- ¡Aquí vienen! ¡Han vuelto! –gritó un campesino que pasaba junto a ellos, huyendo de la plaza.
- ¿Ves? Y de este modo tendremos un vía de escape en el caso de que el programa tenga cualquier tipo de problema.
- Sí, si entiendo lo que me quieres decir, Hans. Pero en serio crear algo así sería muy complejo. Es casi un vínculo directo entre ambas realidades.
- Lo sé, pero eres el único que tiene conocimientos para hacerlo, Derek. Además, es útil y merece la pena.
- Vale, haré lo que pueda. Tú déjalo en mis manos.
La mirada de Cecilia iba saltando de uno a otro de sus amigos. Le sonaba la palabra, pero de todos ellos, era la que menos relacionada estaba con aquel tema.
- ¿Os referís a aquel sistema para salir por si ocurría algo?
- ¿Algo como esto? –dijo Angela–. Sí.
- Así que de eso se trata. Entonces –dijo Cecilia sonriendo–. Sólo tenemos que ir allí y activar el portal, ¿no?
- No es . . . tan sencillo –dijo Derek.
- Cierto, al crearla tuvimos que tener en cuenta una serie de problemas –continuó Andrew.
- ¿Problemas?
- Así es –respondió el chico, ajustando sus cabellos rubios–. El portal supone un acceso directo de este mundo al mundo real.
- Y aunque es poco probable –le interrumpió Hans–, existe la posibilidad de que información creada en este mundo atraviese ese portal para tomar forma en nuestro propio mundo.
- Es por eso que tomé la decisión de hacerla inalcanzable –dijo para terminar Derek–. Coloqué el portal muy lejos, en un lugar poco accesible, para que no pudiera llegar cualquiera y evitar así una desgracia. Así que para llegar allí tardaremos un tiempo.
Todo el grupo se quedó pensativo un buen rato, ninguno se miraba, todos meditaban mirando al suelo, excepto Cecilia, que miraba a las nubes.
- Tenemos todas las claves para acceder a ella, ¿verdad? Quiero decir: si hay trampas o puzzles que resolver, ¿sabremos resolverlos? –preguntó Angela.
- Hans, Michelle y yo nos los aprendimos a la perfección, no hay ningún problema –dijo Derek.
Se hizo de nuevo el silencio. Ni un alma se escuchaba en el pueblo. Aún no era la hora de comer, pero reinaba un silencio que parecía sepulcral, como el de un cementerio. No obstante, ellos sólo andaban inmersos en sí mismos y no se dieron cuenta de la calma que les rodeaba.
- Supongo que lo mejor sería partir cuanto antes –dijo finalmente Cecilia.
- Estoy de acuerdo –corroboró Hans.
- Pues entonces en marcha –dijo Derek levantando la vista y mirándolos a todos–, pero . . . antes tenemos que averiguar dónde estamos.
- Yo lo sé –se adelantó Andrew–. Un hombre en la biblioteca me dijo que esta ciudad es Dancus.
Las chicas, que habían trabajado mucho más con los pueblos y conocían la distribución de todos ellos, reaccionaron al instante.
- ¿El Dancus de Sedsol? ¿En Arreit? –dijo Michelle.
- Eso está a muchísima distancia de nuestro destino –intervino Angela.
- Además –continuó Cecilia–, Arreit es un continente pequeño, tendremos que cruzar el océano para llegar allí. Y no es fácil conseguir un barco.
- Lo siento –dijo Hans, avergonzado, pues él había creado los objetos y por tanto había estimado el valor del dinero.
Todos lo miraron con unos ojos que indicaban que no debía preocuparse, que no tenía importancia.
- Propongo el paso de Farent –habló Andrew.
- Quizá no sea una mala idea, es el modo más fácil y rápido para llegar a Auga y desde allí podremos encontrar la manera de montar en un barco o tren que nos lleve hasta Eria. Nos ahorraríamos el tener que atravesar Amall –dijo Cecilia, que se sabía perfectamente el mapa del mundo.
- Entonces, ¿decidido? ¿Seguiremos esa ruta? –volvió a decir Andrew.
Todos asintieron y se sonrieron, mientras pasaban a otros temas más relajados, buscando la forma de no pensar más en el problema que tenían entre manos, aunque ya lo hubieran “resuelto”.
El cielo se ennegreció de repente, anunciando una fuerte tormenta; y el viento se levantó amenazador desde sus pies. La gente volvía a inundar las calles, en mayor ritmo y cantidad que aquella un rato antes. Todos corrían despavoridos hacia Dios sabe dónde, como si huyeran de algo. Algunos, mirando al cielo con lágrimas en los ojos, se dejaban caer al suelo con una mezcla extraña de terror y abandono en sus rostros. Imitándoles, el grupo miró al cielo, donde pudo ver unas hordas de algún tipo de ave muy oscura volando hacia el pueblo desde el horizonte, a poca altura.
- ¡Aquí vienen! ¡Han vuelto! –gritó un campesino que pasaba junto a ellos, huyendo de la plaza.

2 comentarios:
jejejejeje k arte "solucion dl problema" parece k lo an exo muy rapido.sigue ecribiendo k eto me intrigaaaaa.bss
killo te he linkeado en mi blog. ¡por fin he sido capaz de hacerlo! así que ahora recibiras alguna que otra visita "guerrillera".
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