27 de diciembre de 2008

Más allá de donde te llevan los sueños (Cap 12)

Tras el capítulo dedicado a nuestro querido héroe Lianzer, toca volver un poco sobre nuestros héroes y la forma en que se enfrentan a la crisis de Dancus. Espero que os guste.


12. La luz esmeralda.

Lucifer bajó su brazo como señal a sus tropas, que arremetieron contra la brigada de Dancus, con sus garras por delante. Los hombres de Lianzer trataban de defenderse como podían con sus floretes, desviando los ataques y reagrupándose. El resto de las gentes del pueblo corrían despavoridas en todas direcciones, tratando de escapar de varios de los secuaces de Lucifer, que trataban de acabar con algunos humanos entre ataque y ataque a las tropas de la brigada. En el centro de todo aquel caos, Hans, Andrew y los demás se sentían paralizados de terror ante aquel malévolo espectáculo. Finalmente, Andrew reaccionó.

- Tenemos que irnos de aquí – los demás lo miraron atemorizados –. No podemos permanecer parados.
- ¡No! – gritó Hans – Vamos a luchar, no abandonaremos a las gentes de Dancus. Es nuestra responsabilidad.
- ¡¿Pero de qué demonios estás hablando?! – le gritó su amigo.
- Andrew tiene razón, Hans – dijo Cecilia con la voz temblorosa –, esto es demasiado peligroso.
- Pero . . . yo . . .
- Hans – Michelle lo agarró del brazo –, hemos de huir.

Finalmente Hans cedió a las súplicas de sus compañeros, que ayudaron a llevarlo fuera de la plaza mientras los Crauss sembraban el pánico. A su alrededor la batalla entre los infernales y la brigada se iba volviendo cada vez más feroz y sangrienta. El sonido metálico de los floretes al impactar contra las armaduras de los Crauss se mezclaba con los alaridos de los hombres de Lianzer al recibir las garras de sus enemigos. La sangre y el dolor se expandían a una velocidad vertiginosa por todo el lugar.
Mientras huían, al pasar junto a la Roca Sagrada, un Crauss les cerró el paso y exhibió su brazo poderoso, alzando sus garras frente a ellos.

- ¿A dónde íbais, humanos? – habló con una voz que parecía un graznido.

Hans se colocó entre sus amigos y el infernal, con mirada desafiante y rostro sereno. Se inclinó levemente, sin desviar su mirada de aquella criatura, y recogió una piedra angulosa y afilada. Volvió a incorporarse y la agarró con fuerza, dispuesto a defender a sus amigos con uñas y dientes. El Crauss vio su expresión y rió con aquella extraña voz típica de su raza, no parecía poder concebir que un simple humano quisiera plantarle cara así como así.

- Ten cuidado con eso, niño – le espetó –, podrías hacerte daño.
- Yo . . . yo . . . – trató de responder Hans – no pienso huir. ¡No tengo miedo!

En aquel momento, el mundo pareció deternerse, los gritos y el sonido de las armas se diluían en un silencio en teoría inexistente. Cerca de donde se encontraban, la Roca Sagrada que se hallaba a pocos metros de ellos se quebró y una luz verde esmeralda brilló con una fuerza insólita, inundándolos con su resplandor.

25 de diciembre de 2008

Más allá de donde te llevan los sueños (Cap 11)

Volviendo a un ritmo más que considerable, el capítulo 11 ^^


11. El valor del capitán.

Desde el momento en que las hordas de los infernales se asomaron por el horizonte, la brigada de Dancus se preparaba para la batalla. Todos corrían a afilar sus floretes y comprobar que sus armaduras estaban en buen estado. La señal de peligro se expandió rápidamente y todos los que estaban de patrulla por la ciudad corrieron a la central para recibir órdenes de su líder, Lianzer.

- Todos debéis prepararos para lo peor. Lo que se nos viene encima no son ni más ni menos que Crauss. Son fuertes, despiadados y los comanda uno de los oficiales del Reino Oscuro . . . – todos los hombres de Lianzer miraban al suelo cabizbajos, apesadumbrados – Así que tendremos que prepararnos bien para cuando vengan a vengar su muerte.

La brigada de Dancus se sorprendió mucho del comentario de su capitán, pero cuando se dieron cuenta de lo que significa alzaron sus floretes y sus sombreros y gritaron llenos de júbilo. Ganarían, sería duro, pero iban a liberar su pueblo de aquellos demonios. Si su líder estaba junto a ellos, no tenían nada que temer, a fin de cuentas, Lianzer tenía tanto poder como un Konum, o eso decían las historias.
Uno de los soldados entró corriendo desde la calle anunciando que los demonios habían llegado a la plaza central y un dragón se acercaba amenazadoramente desde el cielo. La voz de Lianzer fue clara y profunda, todos oyeron con ilusión y esperanza sus palabras y lo siguieron en dirección a la plaza. En el cuartel vacío, aún parecía oírse el eco de sus palabras: ¡Por Dancus!

Cuando la brigada llegó al centro de la plaza, pudo ver al líder de los Crauss delante de las gentes del pueblo, amenazándolas y haciendo referencias a la Roca Sagrada. Cuando algunos aldeanos vieron a Lianzer y su brigada, abrieron el camino para que se aproximase al líder oscuro. El capitán avanzó con paso firme y se situó a menos de dos metros del infernal. Entonces, con una sonrisa dejó caer su capa, mostrando su armadura plateada y su gran espada.

- Bienvenido . . . Lucifer.
- Vaya, vaya, un insecto bien vestido. Gracias por el recibimiento, capitán de la brigada de Dancus. ¿Ha venido a ofrecer su vida a cambio de la de su pueblo? –a una señal de Lucifer, tres Crauss rodearon a Lianzer y se dispusieron a despedazarlo con sus garras.
- Lo siento, Lucifer, pero me temo que no es el caso – sin dejar de mirar fijamente a los ojos del demonio, Lianzer desenvainó su gran espada con una mano y de dos rápidos movimientos segó las cabezas de los tres Crauss.

Cuando concluyó su ataque, la espada de Lianzer se alzaba amenazante sobre su cabeza, brillando bajo el sol con una luz dorada y cubierta ligeramente de la sangre negra de los infernales que acababa de matar. Era realmente enorme, y parecía muy pesada, ningún humano normal podría levantarla, pero el capitán de la brigada de Dancus no era un humano normal. Todos contuvieron la respiración, el enfrentamiento estaba cerca, pero cualquier movimiento innecesario podría suponer cualquier cosa inesperada. Finalmente, Lianzer habló:

- Oficial del Reino Oscuro, Lucifer – lo apuntó con la espada, que quedó a escasos centímetros de su faz –, no saldrás con vida de este pueblo.
- Oh . . . te equivocas – respondió el infernal mientras alzaba un brazo –. Es este pueblo el que no saldrá con vida.

24 de diciembre de 2008

Más allá de donde te llevan los sueños (Cap 10)

Dios . . . ni tiempo que no me ponía a escribir, me siento super mal por ello, pero bueno, si aún hay alguien que pueda querer leer lo que tengo que escribir . . . voy a intentar continuar, así que aquí viene el capítulo 10.


10. Lucifer

- ¡Pero qué ocurre! –gritó Cecilia, asustada–. ¿De qué va todo esto?
- ¿Es que no lo entiendes? ¡Son infernales! –respondió Michelle, igual de asustada que su compañera.
- Ahora mismo no podemos hacer nada –les gritó Andrew-, debemos mantenernos juntos y escondernos en algún lugar.

Andrew se dirigió hacia el centro del pueblo, donde todos los del lugar comenzaban a reunirse. Supuso que si se confundían con la gente de Dancus no llamarían tanto la atención, no era buena idea que los infernales los descubrieran. Los demás, que siempre confiaban en él y sus ideas, lo siguieron y se mezclaron con la multitud.
Poco a poco, los infernales fueron llegando al pueblo, rodeándolo y mandando un pequeño grupo a la plaza central. Conforme se fueron acercando, sus siluetas se definieron con más claridad a los ojos de todos. Cecilia tuvo que ahogar un chillido al verlos. Ante ella se vislumbraba más de una veintena de criaturas humanoides, de piel negra como el carbón, cuernos retorcidos a ambos lados de la cabeza y alas de plumas oscuras. Todos vestían con armaduras extrañas, que cubrían todo su pecho a excepción del corazón, y no portaban armas, ya que sus garras parecían más que suficientes.

- Crauss . . . – dijo Angela lo bastante alto como para que sus compañeros la oyesen -. Son bastante tontos, así que estamos en problemas.
- ¿Por? – preguntó Cecilia – Si son tontos, debería ser más fácil huir de ellos.
- Si son tontos . . . alguien debe dirigirlos, o no vendrían tantos aquí de manera tan ordenada y calmada, ¿no, Angela?
- Eso es, Hans. Y creo que aquel de allí los dirige.

Angela señalaba discretamente un poco más allá de los Crauss que tenían encima. Sobre ellos se acercaba lentamente un dragón alargado de color azul marino y armadura plateada. A su lomo iba montado alguien con una armadura negra enorme que le cubría totalmente el cuerpo, cuando estuvo a unas diez metros sobre la gente del pueblo, se lanzó al vacío. Cayendo de pie sobre un par de personas que se hundieron un poco en el suelo bajo su peso. Desde cerca, su altura era aún mayor de lo que parecía a distancia. Estaría cerca de los dos metros y medio, y su corpulencia era algo que asustaba simplemente de conocerla.
Se quitó el casco, mostrando su rostro pálido de ojos afilados de cristalinos negros y pupilas rojas. Dos colmillos asomaban de las comisuras de sus labios. Cuando abrió la boca y comenzó a hablar, una voz de ultratumba, grave y tronante inundó el pueblo, paralizando de terror a todos los humanos.

- Mis queridas víctimas humanas . . . hace ya mucho que me conocéis y sabéis que soy considerado con todos vosotros . . . ¡Por eso no entiendo a qué viene esto! – gritó, haciendo que el viento se levantase y helase las almas de la gente – El pacto era simple: yo no os mataría, no permitiría que vuestro pueblo quedase reducido a cenizas a manos de mis hombres, lo único que os pedía a cambio era vuestra total obediencia, tributos ocasionales . . . ¡y que esa maldita piedra permaneciese muerta!

El infernal señaló la roca sobre la que un rato antes había estado Cecilia. Su cara mostraba una furia insólita, estaba demasiado enfadado, la sensación de peligro era clara. Andrew se acercó a Hans y le susurró:

- Estamos en serios problemas, debemos irnos de aquí lo antes posible.
- Lo sé . . . pero van a destruir Dancus, lo sabes, ¿no?
- . . . no podemos pensar ahora en eso.

En aquel momento, la gente abrió un camino por el que apareció la brigada de Dancus al completo, más de cincuenta personas vestidas de negro, con sus sombreros de gran ala y sus floretes, dispuestos a hacer frente a los Drauss y a su líder. Al frente de todos ellos, se encontraba Lianzer, que con una sonrisa dejó caer su capa, mostrando su armadura plateada y su gran espada.

- Bienvenido . . . Lucifer.