Dios . . . ni tiempo que no me ponía a escribir, me siento super mal por ello, pero bueno, si aún hay alguien que pueda querer leer lo que tengo que escribir . . . voy a intentar continuar, así que aquí viene el capítulo 10.
10. Lucifer
- ¡Pero qué ocurre! –gritó Cecilia, asustada–. ¿De qué va todo esto?
- ¿Es que no lo entiendes? ¡Son infernales! –respondió Michelle, igual de asustada que su compañera.
- Ahora mismo no podemos hacer nada –les gritó Andrew-, debemos mantenernos juntos y escondernos en algún lugar.
Andrew se dirigió hacia el centro del pueblo, donde todos los del lugar comenzaban a reunirse. Supuso que si se confundían con la gente de Dancus no llamarían tanto la atención, no era buena idea que los infernales los descubrieran. Los demás, que siempre confiaban en él y sus ideas, lo siguieron y se mezclaron con la multitud.
Poco a poco, los infernales fueron llegando al pueblo, rodeándolo y mandando un pequeño grupo a la plaza central. Conforme se fueron acercando, sus siluetas se definieron con más claridad a los ojos de todos. Cecilia tuvo que ahogar un chillido al verlos. Ante ella se vislumbraba más de una veintena de criaturas humanoides, de piel negra como el carbón, cuernos retorcidos a ambos lados de la cabeza y alas de plumas oscuras. Todos vestían con armaduras extrañas, que cubrían todo su pecho a excepción del corazón, y no portaban armas, ya que sus garras parecían más que suficientes.
- Crauss . . . – dijo Angela lo bastante alto como para que sus compañeros la oyesen -. Son bastante tontos, así que estamos en problemas.
- ¿Por? – preguntó Cecilia – Si son tontos, debería ser más fácil huir de ellos.
- Si son tontos . . . alguien debe dirigirlos, o no vendrían tantos aquí de manera tan ordenada y calmada, ¿no, Angela?
- Eso es, Hans. Y creo que aquel de allí los dirige.
Angela señalaba discretamente un poco más allá de los Crauss que tenían encima. Sobre ellos se acercaba lentamente un dragón alargado de color azul marino y armadura plateada. A su lomo iba montado alguien con una armadura negra enorme que le cubría totalmente el cuerpo, cuando estuvo a unas diez metros sobre la gente del pueblo, se lanzó al vacío. Cayendo de pie sobre un par de personas que se hundieron un poco en el suelo bajo su peso. Desde cerca, su altura era aún mayor de lo que parecía a distancia. Estaría cerca de los dos metros y medio, y su corpulencia era algo que asustaba simplemente de conocerla.
Se quitó el casco, mostrando su rostro pálido de ojos afilados de cristalinos negros y pupilas rojas. Dos colmillos asomaban de las comisuras de sus labios. Cuando abrió la boca y comenzó a hablar, una voz de ultratumba, grave y tronante inundó el pueblo, paralizando de terror a todos los humanos.
- Mis queridas víctimas humanas . . . hace ya mucho que me conocéis y sabéis que soy considerado con todos vosotros . . . ¡Por eso no entiendo a qué viene esto! – gritó, haciendo que el viento se levantase y helase las almas de la gente – El pacto era simple: yo no os mataría, no permitiría que vuestro pueblo quedase reducido a cenizas a manos de mis hombres, lo único que os pedía a cambio era vuestra total obediencia, tributos ocasionales . . . ¡y que esa maldita piedra permaneciese muerta!
El infernal señaló la roca sobre la que un rato antes había estado Cecilia. Su cara mostraba una furia insólita, estaba demasiado enfadado, la sensación de peligro era clara. Andrew se acercó a Hans y le susurró:
- Estamos en serios problemas, debemos irnos de aquí lo antes posible.
- Lo sé . . . pero van a destruir Dancus, lo sabes, ¿no?
- . . . no podemos pensar ahora en eso.
En aquel momento, la gente abrió un camino por el que apareció la brigada de Dancus al completo, más de cincuenta personas vestidas de negro, con sus sombreros de gran ala y sus floretes, dispuestos a hacer frente a los Drauss y a su líder. Al frente de todos ellos, se encontraba Lianzer, que con una sonrisa dejó caer su capa, mostrando su armadura plateada y su gran espada.
- Bienvenido . . . Lucifer.
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