Volviendo a un ritmo más que considerable, el capítulo 11 ^^
11. El valor del capitán.
Desde el momento en que las hordas de los infernales se asomaron por el horizonte, la brigada de Dancus se preparaba para la batalla. Todos corrían a afilar sus floretes y comprobar que sus armaduras estaban en buen estado. La señal de peligro se expandió rápidamente y todos los que estaban de patrulla por la ciudad corrieron a la central para recibir órdenes de su líder, Lianzer.
- Todos debéis prepararos para lo peor. Lo que se nos viene encima no son ni más ni menos que Crauss. Son fuertes, despiadados y los comanda uno de los oficiales del Reino Oscuro . . . – todos los hombres de Lianzer miraban al suelo cabizbajos, apesadumbrados – Así que tendremos que prepararnos bien para cuando vengan a vengar su muerte.
La brigada de Dancus se sorprendió mucho del comentario de su capitán, pero cuando se dieron cuenta de lo que significa alzaron sus floretes y sus sombreros y gritaron llenos de júbilo. Ganarían, sería duro, pero iban a liberar su pueblo de aquellos demonios. Si su líder estaba junto a ellos, no tenían nada que temer, a fin de cuentas, Lianzer tenía tanto poder como un Konum, o eso decían las historias.
Uno de los soldados entró corriendo desde la calle anunciando que los demonios habían llegado a la plaza central y un dragón se acercaba amenazadoramente desde el cielo. La voz de Lianzer fue clara y profunda, todos oyeron con ilusión y esperanza sus palabras y lo siguieron en dirección a la plaza. En el cuartel vacío, aún parecía oírse el eco de sus palabras: ¡Por Dancus!
Cuando la brigada llegó al centro de la plaza, pudo ver al líder de los Crauss delante de las gentes del pueblo, amenazándolas y haciendo referencias a la Roca Sagrada. Cuando algunos aldeanos vieron a Lianzer y su brigada, abrieron el camino para que se aproximase al líder oscuro. El capitán avanzó con paso firme y se situó a menos de dos metros del infernal. Entonces, con una sonrisa dejó caer su capa, mostrando su armadura plateada y su gran espada.
- Bienvenido . . . Lucifer.
- Vaya, vaya, un insecto bien vestido. Gracias por el recibimiento, capitán de la brigada de Dancus. ¿Ha venido a ofrecer su vida a cambio de la de su pueblo? –a una señal de Lucifer, tres Crauss rodearon a Lianzer y se dispusieron a despedazarlo con sus garras.
- Lo siento, Lucifer, pero me temo que no es el caso – sin dejar de mirar fijamente a los ojos del demonio, Lianzer desenvainó su gran espada con una mano y de dos rápidos movimientos segó las cabezas de los tres Crauss.
Cuando concluyó su ataque, la espada de Lianzer se alzaba amenazante sobre su cabeza, brillando bajo el sol con una luz dorada y cubierta ligeramente de la sangre negra de los infernales que acababa de matar. Era realmente enorme, y parecía muy pesada, ningún humano normal podría levantarla, pero el capitán de la brigada de Dancus no era un humano normal. Todos contuvieron la respiración, el enfrentamiento estaba cerca, pero cualquier movimiento innecesario podría suponer cualquier cosa inesperada. Finalmente, Lianzer habló:
- Oficial del Reino Oscuro, Lucifer – lo apuntó con la espada, que quedó a escasos centímetros de su faz –, no saldrás con vida de este pueblo.
- Oh . . . te equivocas – respondió el infernal mientras alzaba un brazo –. Es este pueblo el que no saldrá con vida.
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