Tras el capítulo dedicado a nuestro querido héroe Lianzer, toca volver un poco sobre nuestros héroes y la forma en que se enfrentan a la crisis de Dancus. Espero que os guste.
12. La luz esmeralda.
Lucifer bajó su brazo como señal a sus tropas, que arremetieron contra la brigada de Dancus, con sus garras por delante. Los hombres de Lianzer trataban de defenderse como podían con sus floretes, desviando los ataques y reagrupándose. El resto de las gentes del pueblo corrían despavoridas en todas direcciones, tratando de escapar de varios de los secuaces de Lucifer, que trataban de acabar con algunos humanos entre ataque y ataque a las tropas de la brigada. En el centro de todo aquel caos, Hans, Andrew y los demás se sentían paralizados de terror ante aquel malévolo espectáculo. Finalmente, Andrew reaccionó.
- Tenemos que irnos de aquí – los demás lo miraron atemorizados –. No podemos permanecer parados.
- ¡No! – gritó Hans – Vamos a luchar, no abandonaremos a las gentes de Dancus. Es nuestra responsabilidad.
- ¡¿Pero de qué demonios estás hablando?! – le gritó su amigo.
- Andrew tiene razón, Hans – dijo Cecilia con la voz temblorosa –, esto es demasiado peligroso.
- Pero . . . yo . . .
- Hans – Michelle lo agarró del brazo –, hemos de huir.
Finalmente Hans cedió a las súplicas de sus compañeros, que ayudaron a llevarlo fuera de la plaza mientras los Crauss sembraban el pánico. A su alrededor la batalla entre los infernales y la brigada se iba volviendo cada vez más feroz y sangrienta. El sonido metálico de los floretes al impactar contra las armaduras de los Crauss se mezclaba con los alaridos de los hombres de Lianzer al recibir las garras de sus enemigos. La sangre y el dolor se expandían a una velocidad vertiginosa por todo el lugar.
Mientras huían, al pasar junto a la Roca Sagrada, un Crauss les cerró el paso y exhibió su brazo poderoso, alzando sus garras frente a ellos.
- ¿A dónde íbais, humanos? – habló con una voz que parecía un graznido.
Hans se colocó entre sus amigos y el infernal, con mirada desafiante y rostro sereno. Se inclinó levemente, sin desviar su mirada de aquella criatura, y recogió una piedra angulosa y afilada. Volvió a incorporarse y la agarró con fuerza, dispuesto a defender a sus amigos con uñas y dientes. El Crauss vio su expresión y rió con aquella extraña voz típica de su raza, no parecía poder concebir que un simple humano quisiera plantarle cara así como así.
- Ten cuidado con eso, niño – le espetó –, podrías hacerte daño.
- Yo . . . yo . . . – trató de responder Hans – no pienso huir. ¡No tengo miedo!
En aquel momento, el mundo pareció deternerse, los gritos y el sonido de las armas se diluían en un silencio en teoría inexistente. Cerca de donde se encontraban, la Roca Sagrada que se hallaba a pocos metros de ellos se quebró y una luz verde esmeralda brilló con una fuerza insólita, inundándolos con su resplandor.
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